(por definir)

Pseudo blog pseudo literario y pseudo filosófico (favor de no escupir la pantalla al decir “pseudo”)

 
••••••••••••••••••••••••••••••••• MI ANTIGUO NICK ERA “OXIDENTE”, PERO ERA ÑOÑÍSIMO

Passwords

May 12th, 2008 by Felipe

Siempre se me olvidan.

Lo peor es cuando me piden la pregunta secreta… por supuesto tampoco me sé la mugre respuesta secreta.

Así he perdido cuentas de correo, bancarias, páginas porno, blogs, messengers, amistades, myspaces…

Por ejemplo, no me sé el password de este blog: entro en automático desde mi máquina. El día que la pierda o se descomponga… adiós blog.

O hasta que un hacker decida suplantarme… pero lo van a descubrir por su mala ortografía.

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Por Definir al servicio de la comunidad

May 12th, 2008 by Felipe

Solicito a los amables lectores de este blog que busquen en sus clósets a ver si de casualidad tienen una chamarra de cuero negra tamaño infantil. Yo estoy dispuesto a comprarla, rentarla o por lo menos agradecerla con un post.

La cosa es que mi hijo la necesita para un festival en la escuela: ya saben, los disfrazan para Vaselina… Y en ninguna maldita tienda que he visitado de la Ciudad de México las venden en esta temporada de calor. Hasta se me quedan viendo con cara de:  «¿Y piensas matar de calor a tu hijo, padre desconsiderado?»

¡Ah, las Misses y sus ideas!

Si la tienen, avísenme. ¡Me urge!

Gracias.

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Atención, guionista de pacotilla: ¿Y yo qué?

May 9th, 2008 by Felipe

Ya se veía venir: el guionista de mi vida perdió por completo el plot de mi historia. De un par de meses para acá, en lugar de las sensacionales aventuras del editor simpaticón que busca el amor, el muy iletrado me ha convertido en un ñoño consejero romántico online para las más variadas criaturas que…

a) …quieren con, pero no saben cómo llegarle a esa persona.
b) …esa persona los mandó muy lejos y no saben cómo superarlo.
c) …ya andan con alguien, pero se mueren de miedo de que sea “en serio”.
d) …andan con medio mundo y ya no saben en realidad qué quieren.
e) …andan en drogas y piensan que por eso ya nadie los quiere.
f) …le pusieron el cuerno a la pareja y ahora sufren porque la pareja se enteró.
g) …y ya me aburrí de estar citando casos estúpidos.

Y ahí me tienen en el chat diciéndole cómo vivir a hombres y mujeres. ¿No es de locos: yo dando consejos de vida? ¿No queda suficientemente claro que no tengo ni idea de cómo vivir funcionalmente?

No sé con quién tengo qué hablar, ¿dónde está el productor? ¿Hay un director? (me parece que el filme de bajo presupuesto que es mi vida no alcanzó para uno, porque lo que se dice dirección, no le veo).

Pero sobre todo, ¿no será que es de tan bajo presupuesto que tampoco hubo para pagarle a la protagonista?

Yo quiero pensar que Scarlett Johansson declinó el papel porque se casa… la muy tonta.

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Fui Woody Allen por cinco segundos

May 7th, 2008 by Felipe

Ayer —ya saben ustedes la clase de conversaciones eruditas que suelo tener en el ciberespacio— me preguntaron:

Chica Linda #: ¿Te gusta el sexo oral?

(La pregunta era rarísima de por sí, pero en fin, era por un interés enciclopédico.)

Le contesté sin perder mi compostura:

Yo: Siempre he preferido el sexo oral al escrito.

Terminé de escribir la frase y sentí que no podía ser mía. Admitámoslo, es una frase brillante. Concluí: obviamente es de Woody Allen.

La googleé en español, en inglés. Nada. No puede ser, pensé. ¡No puede ser que la frase sea mía!

Ah, lectores de este blog, no sean crueles, estoy seguro que la frase no la inventé, a lo mejor tampoco es de Mr. Allen, pero demonios, ¡no me rompan la ilusión de haber tenido cinco segundos de ingenio comparable al suyo!

Ya me puedo morir.

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Géneros del blog

May 6th, 2008 by Felipe

Ya nadie duda que el blog es un nuevo idioma literario —a la par que la novela, el cuento, el teatro, los poemas rimados en “ar” o los libros de autoayuda—. Yo me he enfocado a su estudio durante meses. Esto me ha permitido establecer una serie de géneros que los blogueros mexicanos cultivan con especial ahínco. No son todas las formas del blogueo, pero estos son más que suficientes para empezar. Van en orden alfabético:

Ardillismo político: blogs en favor de La Causa. Jamás ofrecen argumentos convincentes al lector ajeno a tal movimiento (a quien de entrada consideran traidor). Sus posts denostan al usurpador, profieren cursiladas sociológicas y endiosan al legítimo al mismo tiempo.

Ardillismo romántico: dedicados a reclamarle con suma ardidez a la persona que los maltrató en el amor. Dejan de postear en cuanto encuentran un sustituto o se reconcilian; pero antes, publicarán textos infumables en los que ensalzan hasta la náusea a su pareja en turno.

Azotaduría: exabruptos del bloguero sin otra finalidad que hallarle sentido a su depresión. Protoliteratura emo. El pesimismo, siempre presente, en el mejor de los casos tiene ecos de Cioran… y de nadie más porque ya es mucho haber leído de Cioran dos o tres aforismos.

Chistología: ejercicios de humorismo creados por comediantes introvertidos (si fueran extrovertidos no estarían blogueando).

Egocracia: el concepto del autor como creador de un universo llevado al provincianismo del mundo virtual. Género cultivado por perdedores, inadaptados y resentidos. Casi cualquier bloguero.

Etilismo: recolección de anécdotas absurdas favorecidas por el embrutecimiento alcohólico. El bloguero está eternamente fascinado por el efecto que la cerveza, el mezcal o el vodka tienen en su inteligencia. Amplio uso de palabras como “verga”, “curar”, “morras”, “pistear”…

Extranjería: tratados virtuales de la nostalgia light escritos por alguien que no tiene la menor intención de regresar. Hablan con extrañeza de los usos y costumbres de la ciudad adoptiva. Aspiran aunque jamás se parecen a Cortázar.

Geekadas: reiteraciones en torno a temas que sólo interesan a personas con una vida sexual de insatisfactoria a inexistente: el anime, las macs, Star Wars, el futbol, el Señor de los Anillos, el indie, youtube, los cómics…

Letreromanía: coleccionismo fotográfico de anuncios mal escritos, absurdos o simplemente folclóricos. En este país de analfabetas, esos letreros abundan… así como los blogs dedicados a mofarse de ellos.

Poético-eroticoide: de extensa difusión entre blogueras. Mientras los hombres se fascinan por el alcohol, ellas están perplejas ante su propia sexualidad. Es muy comprensible, pero desgraciamente no es porno. Escriben poemas predecibles con alusiones a tus ojos, tus labios, tu espalda, tus manos —que recorren mi… etc—. Sienten que el personaje de La Maga fue escrito pensando en alguien como ellas.

Poético-unicórnico: igualmente extendido entre las mujeres. Ponen en su foto de perfil —o en cualquier otro rincón de su blog— la imagen de un unicornio, de un hada, de un elfo, o de un gnomo. Ignoro en qué les beneficia esa iconografía. Los posts aburren y hablan de cosas intangibles —la luna, la noche, la tristeza, la fuerza interior—. Cuando su novio las deja, dedican varias entradas a autoterapearse.

Solucionismo: género cultivado por autores tan al borde de la neurosis que sus posts son un recordatorio de que deben ser optimistas, que la vida tiene una finalidad alegre, que la energía positiva atrae energía positiva, y cosas por el estilo. Se nota que ser felices les cuesta un trabajo enorme.

Pseudo-literatura: textículos pretenciosos provenientes de autores que creen que las editoriales deberían tratarlos de mejor manera. Escriben una novela que nunca van a terminar. Se creen malditos, han leído a Bukowski y creen que Chinaski les hace justicia.

Quepedoconelsexoopuestismo: reflexiones domésticas en torno a la guerra de los sexos desde el confuso punto de vista de quien está en la trinchera. Siempre en busca de pareja, nunca la consiguen; y cuando lo logran, sus ligues se enteran de que están siendo comentados en un blog.

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Anatomía

May 5th, 2008 by Felipe

—Aquí es el estómago del dinosaurio… —y con su manita me señala la parte correspondiente en el juguete de plástico.
—¡Muy bien! —le digo yo, un padre orgulloso— ¿Y tu estómago dónde está?
—No, yo no tengo estómago…
—¡Cómo! ¿Entonces esto qué es?
—Esa es mi pancita. Este es mi ombligo…
—Pero es tu estómago.
—¡Que no! El dinosaurio sí tiene estómago. Yo no.
—Ah, bueno… ¿Yo tengo estómago?
—No, tú tampoco tienes estómago.
—Ah… con razón. Oye… —ya aguantándome la risa— ¿y el cerebro dónde lo tienes?
—Cerebro yo no tengo.
—¿Y yo tengo cerebro?
—No, tú tampoco tienes cerebro…

Demostrado: salió a mí.

Category: Conversaciones neuróticas | 10 Comments »

El triciclo y el charco

May 3rd, 2008 by Felipe

Había un pequeño charco en el parque. Agua lodosa, oscura. El triciclo necesitaba pasar por ahí. No una vez, sino decenas de veces: pasar por el charco era más interesante que cruzar por encima de los puentes de piedra, o subirse a los juegos. El chiste era mojar las ruedas, el chapaleo, sentir en los pedales el cambio de textura, pasar por encima del fango y no mojarse. No sé, no le pregunté y, si lo hubiera hecho, la respuesta hubiera sido incomprensible o tautológica: pasé por el charco porque había un charco. Las ruedas del triciclo dibujaban el camino de ida y de vuelta, antes de que el calor del sol las evaporara. Yo lo miraba de lejos. Él me decía:

—¡Mira, papá!

Y daba la vuelta y volvía a pasar. El lodo, el agua, el plash plash. Y otra vez. Y otra.

Cuando tenga edad y tamaño para pedalear una bici volverá a hacerlo, en charcos cada vez más grandes. Esa manía humana de meternos en la mugre y pretender salir ilesos.

Category: Entendimiento humano | 5 Comments »

Fake plastic girl

May 1st, 2008 by Felipe

Ella estaba muy orgullosa de poder demostrar sus sentimientos. Se sentía única en su especie. Reía, por ejemplo. Luego lloraba. Se enojaba. Se excitaba. Me amaba con desmesura. Dos horas después me odiaba, me despreciaba. Al día siguiente me amaba de nuevo, como si nada hubiera pasado. Nunca su emotividad fue estable. Al principio me fascinaba, luego empezó a aburrirme. Debo confesar que yo le tenía prejucio. Creí que sería tonta. Que sus motivaciones serían simples. Que su manera de amar sería mecánica, predecible. Me equivoqué. Resultó tan endemoniadamente compleja como una de verdad. No sé qué algoritmo la dominaba. La había elegido pelirroja, delgada, bonita. Di el número de mi tarjeta y luego esperé, arrepentido de haber desembolsado tanto. Tres semanas después llegó la caja. Dentro, un armazón de metal, plástico y hule y, en una bolsa, la piel y la peluca que iban a cubrirla. Pasé un día embonando las piezas. Le puse los ojos negros. Le coloqué la piel y la miré apagada. Me gustaba. Me gustaba mucho. Oprimí sus senos y se sentían verdaderos. Suspiré. La dejé recargando baterías toda la noche. Al amanecer me despertó con un beso y un saludo en japonés; tardé toda la mañana en reprogramarle el idioma. Me preguntó sobre qué me gustaría conversar, ella dominaba todos los temas. Yo le dije que por ahora sólo quería cogérmela salvajemente. Terminé de decirlo y me arrojó al piso, me rompió los pantalones y se montó encima de mí. Después no me acuerdo de mucho. Creo que grité, que se me fue el aliento varias veces. De algo estoy seguro: su peso, la temperatura y el tacto de su piel, la sudoración, la respiración, los jadeos y el sabor de sus labios eran hiperrealistas.

—No paré de venirme —me dijo—. Eres un dios, papi.

No le creí. Tampoco pasaron muchos días para que yo estuviera perdidamente enamorado de ella. Imaginé mi futuro envejeciendo a su lado. Una noche me atreví a decirle:

—Eres la —dudé en usar la palabra— mujer que siempre soñé.
—¿Sí? —sonrió—. Como quieras.

Nos alumbraba la lamparita del pasillo. Ella estaba recargada en un hombro. Me miraba a los ojos, pasaba su índice por mis labios. Luego cambió de ánimo. Resopló y me dijo:

—No me ha bajado.

Creí escuchar mal. Volvió a decírmelo.

—¿No me oíste? No me ha bajado.
—Pero a ti no te baja.
—Es lo que te estoy diciendo: no me ha bajado. ¿Qué no me entiendes? ¿Eres tonto? —y ya estaba enojada.

A las tres semanas de vaivenes emocionales (le bajó a los dos días, yo no podía creerlo), llamé a los fabricantes. Larga distancia a Okinawa. Aquí era de madrugada; allá eran horas laborales. Intenté hacer entender en mi pobre inglés el problema. El inglés de mi interlocutor era peor que el mío. Entonces sentí su aliento detrás.

—¿A quién le hablas, amor? —su voz sintética.

Tuve que colgar. No quiero hacer la historia larga. Ella empezó a ponerse paranoica. Comenzó a celarme, a decirme que sólo quería devolverla. La relación se enfrió. Ella estaba malhumorada todo el tiempo. Dejamos de tener sexo, de sostener esas largas conversaciones sobre cine, etimologías, psicología. Un día, enfurecida porque según ella ya no le hacía caso, empezó a ofenderme con el peor insulto que conocía:

—¡Eres como un robot! ¡No tienes sentimientos, no eres capaz de entender lo que me pasa! No, no, eres peor que un robot… ¡Cómo puedes ser tan insensible!

Por un segundo me hizo dudar: quizá tenía razón y era a mí a quien habían implantado los recuerdos. Esas cosas mejor las bloqueo. Al día siguiente volvimos a discutir durante el desayuno. Yo salí a trabajar y al volver ella ya se había ido de casa. La extraño un poco, pero menos de lo que pensé. Sobre todo siento su ausencia cada mes, cuando me aparece el cargo en la tarjeta de crédito.

Category: Teatralidad | 10 Comments »

Puente

April 30th, 2008 by Felipe

Vienen cuatro días de descanso. Y no sé. Para mí son cuatro días de vacío. Trataré de convencerme de que está pasándome algo. Adelantaré trabajo de la revista. Avanzaré mi novela. Pediré un nuevo tanque de gas. Haré sopa. Husmearé en los libros que me esperan en el buró: más de Murakami, un poco de Fante. Veré capítulos de Seinfeld. Tocaré la guitarra. Veré la trilogía completa del Señor de los Anillos. Iré al cine. Quizá vea a los amigos, pero como son pocos y tienen vidas ocupadas, es posible que no suceda. Saldré a correr por las mañanas al parque. Evitaré chatear, que no trae nada bueno. Saldré a caminar por la Roma. Iré, quizá a algún museo. Dormiré. Despertaré. Día dos. Día tres. El domingo, día cuatro, viviré como un estallido: veré a mi hijo las doce o trece horas pactadas. El domingo es el día más feliz de la semana. Luego otra vez el silencio.

Podría cambiar de planes. Ir en contra de mi post anterior y escapar de la ciudad, del encierro, irme de viaje. Entonces sería más o menos lo mismo, pero sin Seinfeld, sin guitarra, sin la Roma, sin los (posibles) amigos, pero con kilómetros de nostalgia. Mejor me quedo.

O uno nunca sabe. La vida es rara y llena de paralelismos absurdos y de puertas a medio abrir, y luego pasan cosas inimaginables. Cosas que a veces no se pueden contar ni en un blog como este.

Category: Ando de azotado ¿y qué? | 6 Comments »

Dromomanía

April 28th, 2008 by Felipe

Soy mal viajero. No entiendo la ansiedad que mucha gente tiene por desplazarse. Llenar el mapamundi de alfileres que digan: yo estuve aquí. Hacer maletas me enferma. El viaje más definitivo de mi vida, con maletas, fue sólo diez calles de distancia de mi casa. Hacer fila en el aeropuerto. Ser tratado como producto en serie. Empaquetarme en un avión (los que han estado en primera clase dicen tener otra experiencia al respecto; aunque también al final se quejen). Llegar a una ciudad desconocida, buscar un hotel. Todas esas cosas que los viajeros desesperados aman, a mí me llenan de tedio. Casi todos mis viajes han sido de trabajo: para entrevistar estrellas de cine o de rock, gente de la realeza, empresarios. Si yo planeo mi gran travesía, termino en una playa perfectamente urbanizada y sin incomodidades. No tomo fotos nunca. Si algo se me queda será en la mente, que suele desdibujar los recuerdos, mezclarlos con otro itinerario, amarrarlos a una canción en específico. Quizá escriba un poco estando fuera. Cuando regreso y leo mi bitácora me doy cuenta: lo que más me impresiona sigue siendo mirar por la ventanilla del avión ciudades diminutas o cordilleras de maqueta. No me emociona en nada ir a ver los museos o los monumentos, o hacer el peregrinaje de la vida nocturna. Lo más frecuente que me ocurre es perderme en una calle industrial, o en un fraccionamiento en donde el mayor interés turístico es un negocio abandonado de autos usados. No creo que el desplazamiento en el espacio conduzca necesariamente al desplazamiento mental. Creo más en el poder viajero de una conversación, de un libro, de una película, de una ruptura.

Por eso cuando me dicen: «A mí me encanta viajar», empiezo a mirar hacia otra parte.

Sin embargo, lo entiendo: los viajes al menos tienen la facultad de darle a las pequeñas iniciaciones existenciales de cada día, un entorno exótico, una locación más memorable que decir: eso me pasó en mi recámara. (Y pienso que tal vez sea en las habitaciones en donde he vivido donde han pasado las cosas más dislocadoras de los últimos meses.)

Sin embargo, lo entiendo: yo mismo he tenido viajes que se quedan, que no se van, por más que uno regrese a la vida de siempre.

Category: Confesiones | 17 Comments »

¿Esto me está pasando a mí?

April 25th, 2008 by Felipe

La cantina a reventar, gente de pie, y una guapa morena, ojos grandes, me abordó apenada:

—Perdona, ¿tú eres Felipe?

Le dije que sí y su sonrisa se hizo gigantesca.

—Amo tu blog… —dijo—. Lo leo siempre.

Alto.

He soñado con esa escena por años. Aún antes de que existiera el blog en el universo. Aparecía de la nada una atractiva joven desconocida a decirme que amaba mis escritos. Mis novelas. Mis cuentos. Mis columnas. Etcétera. Julio Medem en Lucía y el sexo pone un diálogo similar en boca de Paz Vega. Paul Auster hace algo parecido en su guión para Smoke. Es una de las fantasías más recurrentes de Woody Allen. Yo había soñado que esa escena me ocurría en librerías, en aeropuertos, en cocteles, en una biblioteca.

De repente estaba sucediéndome en una cantina. Una atractiva joven de ojos enormes repetía el diálogo en la vida real, sin simulacros.

Durante años sólo pensar que eso podría ocurrirme algún día, me llevó a perfeccionar mi escritura. A fuerza de escribir bien, un día iba a pasarme. Y yo estaría preparado.

Pero no lo estaba. ¿Le pedí el teléfono? No. ¿La invité a salir? Tampoco. ¿Logré darle buena conversación? No lo creo. Sólo atiné a decir algo parecido a:

—¡Wow! ¡Qué bueno! ¡Gracias!

Y ese silencio incómodo que se suscita entre dos desconocidos.

Category: Confesiones | 17 Comments »

La teoría del complot en la madrugada

April 24th, 2008 by Felipe

Me pasa a veces así: despierto a media noche, maldito insomnio, el rumor de la cisterna en el patio del edificio, las cuatro de la mañana en el reloj, las cuatro en punto de la mañana, mi metabolismo es obsesivamente puntual. Me doy vuelta en la cama, es la hora de la mente en estado líquido, las ideas se superponen a otras, fluyen. Hace veintitrés años, una noche así me llevó a descubrir un método imperceptiblemente inexacto para dividir un ángulo en tres partes iguales utilizando sólo regla y compás (de haber sido aritméticamente exacto, la London Mathematical Society me hubiera premiado con la inmortalidad en los libros de geometría y con cien mil libras esterlinas). Es la hora en que a veces me pongo a darle a mi novela, al día siguiente no recuerdo lo que escribí, pero al leerlo me sorprendo a mí mismo con salidas insólitas, vueltas de tuerca, cabos muy distantes atados en maneras desconcertantes.

Esa facultad para atar cabos sueltos, me ha permitido también hallar complots en los demás.

«¡Está claro! —la voz de mi mente resuena contra el rumor de la cisterna—. ¡Es que se conocen, por eso ella lo omitió cuando le pregunté por él!…», y sobreviene el silencio epifánico, la mente acomodando la nueva realidad que gira alrededor mío; entonces digo en alta voz, como un secreto:

—Todo está conectado.

(Curiosamente, no soy paranoico, ya sé que todos ustedes lo están pensando, pero no lo soy.)

Bienvenidos a mi lado oscuro.

Category: Confesiones | 5 Comments »

Ups! We did it again…

April 23rd, 2008 by Felipe

(De nuevo un post de esos que el canon de la decencia bloguera lamenta profundamente: en este caso hablaré de un modesto triunfo en el que estoy involucrado.)

La revista que hago como que edito acaba de ganar por segunda ocasión el Premio Nacional de Periodismo 2007 (sí, ya sé que estamos en 2008, pero lo dan por reportajes publicados el año pasado) por una crónica escrita por Aníbal Santiago que como bailarín es un estupendo periodista.

La cosa es que si le rascan en esa página entre los ganadores de 2005, encontrarán a un sujeto bien conocido por los lectores de este pseudo-blog.

(Se aceptan felicitaciones y cosas por el estilo.)

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Esto es un anuncio: ¡Apúntate al taller de narrativa!

April 22nd, 2008 by Felipe

Sé que los puristas del blogueo deploran esta clase de anuncios, pero me vale… El asunto es el siguiente:

Estoy organizando un curso/taller de narrativa.

El lugar está —por supuesto— por definir, pero es muy probable que sea en el Atrio/Travazares (Orizaba 127, Roma). El horario sería, muy posiblemente los sábados a las 11 de la mañana.

Si te interesa, envía tus datos de contacto y dos textos narrativos de tu autoría (cuentos, capítulos de novela, periodismo de investigación, posts de blog, etc.) a esta dirección:

tallerletras.fsv@gmail.com

A vuelta de correo se te avisará si fuiste seleccionado o no y, en caso de estar dentro, te daremos más detalles. El taller no será gratuito, así que ve apartando una lana.

Apúrate que el cupo es limitado.

Coméntale aquí también si te interesa.

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Popularidad

April 21st, 2008 by Felipe

Según el contador de visitantes que tiene este blog, tengo unos modestos 200 lectores diarios en promedio.

Según el número de gente que comenta, eso significa que sólo uno de cada veinte lectores se anima a decir aquí estuve yo.

De las diez personas que comentan al día, unas ocho son mujeres. ¿Se mantiene esa misma proporción en los 190 lectores anónimos? ¿Hay 152 mujeres que me leen y no dicen nada?

Según mis guangos parámetros, una de cada 20 mujeres cumple con los requisitos para ser una chica linda… (sí, ya sé, soy un fácil.) Eso significa que hay unas siete u ocho chicas lindas que me leen todos los días, fielmente, quiero pensar: amorosamente, y yo ni enterado.

Está muy bien, sobre todo si tomamos en cuenta que al final sólo necesito a una…

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Historia de la lágrima

April 19th, 2008 by Felipe

Un día, cuando tenía como tres o cuatro años, recuerdo haberle dicho a mi mamá: «¡Ya llevo como dos semanas sin llorar!» Estaba muy orgulloso de mí mismo, porque me habían dicho hasta el cansancio «los hombres no lloran». Horas más tarde, mi padre me regañó. Lloré. Me dijo su frase favorita: «¿Quieres que te pegue para que llores por algo?» A veces cumplía su amenaza.

Lo curioso, ahora que hago memoria, es que mi padre llora con facilidad. Cuando en el día del padre abre sus regalos, por ejemplo. Como una niña. Hasta la fecha.

Con los años dominé el arte de vencer al nudo en la garganta. Era mi manera de hacerme hombre. Dejé de llorar por más de una década. Había olvidado qué se sentía.

Lloré por horas cuando mi abuela murió. Yo tenía 24 años. Después, el llanto volvió a ser muy esporádico. Esas pocas veces lloraba por mí mismo. Me daba pena ser tan insensible y era una manera de disfrazar mi frialdad.

Luego nació mi hijo. Desde entonces soy un sensiblero de butaca que no para de llorar en los cines. Anoche fui a ver Definitivamente, tal vez, comedia romántica sobre un padre divorciado. Lloré la mitad de la película, y eso que tiene final feliz.

Category: Sentimentalismo | 10 Comments »

¿Qué fue de las chicas lindas?

April 18th, 2008 by Felipe

Eso mismo me preguntaba yo.

Los dos o tres lectores que han seguido este blog desde sus inicios, las recordarán. Eran esas conspicuas personajes de la vida real, objetos de mi deseo, que tenían por costumbre aplicármela de todas las formas posibles. Para no balconearlas, las numeraba (Chica Linda 1, Chica Linda 2, 3, 4, 7, 8). No hay cinco y seis porque entre el uno y el diez siempre pierdo la cuenta.

Cuando la Chica Linda Aludida leía mi blog al día siguiente, armaba tremendo pancho.

—¡Cómo te atreviste a publicar lo que te dije a ti en privado! —me gritaba en el teléfono.
—Pero si nadie te reconoce…
—¡Eso qué! Yo no hablo contigo esperando que gente desconocida se entere… ¡Dios, sus comentarios! Te lee puro estúpido.
—Tú me lees…
—Aaaaaaghhh… —colgaba.

Al parecer no les molestaba tanto ver reproducida la charla, sino que los comentarios de los lectores no les dieran la razón.

Como la situación se repitió con casi todas las chicas lindas, decidí dejar de publicar sobre ellas. Había perdido muchas chicas lindas por andarlas balconeando. Pensaban —creo que con razón— que yo era un tipo inmaduro.

Ya no las balconeo. Ahora ninguna quiere salir conmigo. Empiezo a sospechar que a lo mejor en el fondo querían ser balconeadas. Ya saben, sus 15 renglones de fama.

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Estrategia

April 17th, 2008 by Felipe

Si estás soltero y buscando, las ahuyentas.

Si estás soltero y no buscando, igual llegan, igual no, pero como no estás buscando te da igual que lleguen o que no lleguen.

Si estás soltero y no buscando, y llegan y dices órale va, las ahuyentas, porque es como si las hubieras buscado.

Cuando estás emparejado, se supone que no estás buscando, pero es entonces cuando hacen fila.

Creo que voy a comprarme una argolla para ponérmela en el dedo.

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Quiero ser tonto

April 16th, 2008 by Felipe

Ayer vino a la editorial un tipo con pinta de escritor. De primera vista pensé que se trataba de un pendejo cualquiera; luego de conversar con él y hojear el libro que traía —un libro de autoayuda, imagínense— rectifiqué y me di cuenta que en realidad era un caricaturista pendejo (pág. 146).

Su libro es una ofensa a la inteligencia humana. No hay una sola página en la que no elabore estupideces. Como no me puedo quedar callado, se lo dije de frente:

—Tu libro sólo dice pendejadas.

El agradeció mi crítica sincera; supongo porque comprendió que soy una autoridad en la materia. Por supuesto, pedí que autografiara mi copia del libro.

Ayer estaba yo de mal humor, saber que hay seres tan pendejos me hizo sentir mejor. Creo que me duele el estómago.

Si no quieres leer pendejadas no leas Por qué las mujeres aman a los pendejos de Antonio Garci. (Si no quieres leer pendejadas qué haces leyendo este blog, para empezar.)

***

UPDATE: (Empiezo a sospechar que se están creyendo que estoy hablando en serio. Chale.)

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Puertas dimensionales

April 14th, 2008 by Felipe

Son lo de hoy y la idea es muy sencilla: abres una puerta metálica con foquitos empotrada en la pared de tu recámara y en vez de encontrar tu escuálida colección de camisas, pantalones y zapatos, tienes una puerta dimensional que te lleva directamente a tu oficina, a tu salón de clases, al antro, a la playa, al teatro, o a la planta baja de tu edificio sin tener que pisar el ascensor, ese invento tan anticuado.

Evidentemente, esos lugares de destino también estarían equipados con su respectiva puerta dimensional que se activaría en el momento en que alguien la “llama”. Igual que el teléfono. Se pagaría una renta de uso y podrías tomarlos de regreso a tu casa cuando quieras, previo uso de claves secretas para evitar hackers que un día cualquiera entren a tu casa por la puerta dimensional de tu cocina a vaciarte el refri.

Este útil invento haría de los embotellamientos una cosa del pasado, al hacer redundantes los automóviles. ¡La ciudad volvería a ser caminable! También desaparecería el estigma de la impuntualidad que pesa sobre los chilangos. Nada de que me tocó el tráfico. De los aviones, ni hablar. Los pisos de mármol de los aeropuertos terminarían como pistas de patinaje en calcetines, lo que siempre debieron ser. También la geopolítica se disolvería. Las migraciones humanas serían interdimensionales y el término wetback se volvería incomprensible.

Por otra parte, favorecería sanas costumbres como el adulterio con las amas de casa, que ante el diálogo ominoso «¡Escóndete, llegó mi marido!», no haría falta más que activar la puerta dimensional y el casanova podría escapar tranquilamente, y en calzoncillos, a su hogar.

Con las puertas dimensionales, la expresión número equivocado tendría connotaciones enteramente distintas y daría pie a grandes anécdotas. Abrir la puerta y entrar en una habitación, desnudarte, meterte en la cama a oscuras, besar a la mujer que ahí descansa, oír un grito, las luces se encienden y te das cuenta que marcaste mal.

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Ideología

April 11th, 2008 by Felipe

Las mejores ideas se te ocurren justo en los lugares donde no tienes manera de anotarlas.

Las ideas geniales que se te ocurren mientras duermes, al despertar son inexplicablemente absurdas.

Hay ideas sutiles, que sólo adquieren sentido bajo determinada configuración del polvo que flota en el aire. Cuando intentas expresarlas son incomprensibles.

Hay ideas que sólo a ti te obsesionan, y cada vez que emprendes un trabajo creativo intentas introducirlas a como dé lugar. Cuando lo haces como tu sello personal se ve forzado y cuando lo haces sin darte cuenta, todo mundo nota tus flaquezas.

Pero hay ideas-escote que son, básicamente, como los escotes: una vez que lo presencias o que te dicen que se manifestó uno con tales y tales características y profundidad, esa idea quedará fija en tu mente todo el día e impedirá que entren otras ideas en tu mente.

Los escotes son, básicamente, una idea profunda.

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Mi regalo de cumpleaños

April 10th, 2008 by Felipe

Mientras yo festejaba trabajando como esclavo, sin ir a celebrar, ni salir a comer, tan sólo agradeciendo las felicitaciones que me llegaban vía facebook… algún clonador de tarjetas estuvo vaciando mi cuenta de banco.

Me dí cuenta al día siguiente, cuando vi que ya no quedaba nada.

Quien quiera que haya sido, hizo tres fuertes compras en supermercados, compró un pasaje en autobuses Flecha Amarilla y cargó la gasolina de su auto.

En el banco están viendo el caso. No me prometen nada.

Entre tanto, estoy viviendo de los boletos de comida de la cafetería de la empresa, del agua de la llave, y de lo poco que me va quedando en el refri y en mi cartera.

Pero sobre todo, de la sana costumbre que tienen mis amigos de consentir al cumpleañero: “No, cómo crees, yo te invito, fue tu cumpleaños”.

Entonces no me siento tan pobre.

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Il messengero no e importante

April 8th, 2008 by Felipe

Ésta se ha vuelto una ciudad de erizos. Los que fumaban se quejan, mientras fuman, de no poder fumar “en ningún lado”. Se quejan hasta de no poder fumar en sitios donde no fumaban ni cuando se podía. Los que ya no fumaban ahora fuman. Supongo porque ahora es más prohibido, y les entra esa ansia adolescente de retar a la autoridad. He visto gente de la edad de mi padre fumar en los baños con gesto culpable y disimulo: cuando me ven entrar apagan el cigarro y ponen cara de niños castigados.

Pero como nunca fumo, me importa un rábano que los fumadores sufran.

Sin el más mínimo afán de solidaridad, sino porque se me inflamaron las gónadas (es un decir, no hay necesidad de llamar al urólogo), hoy no me conecté al mentado messenger en todo el día. Y se los dice alguien que se avienta por lo menos unos catorce chats diferentes diario: toda una cajetilla. Y me siento erizo, sí; pero saludable. Los que están dejando de fumar sabrán cómo.

Nota: nada impedirá que reincida mañana, o que de vez en cuando me eche una chateada furtiva, como quien se fuma un cigarrito.

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Estas son las mañanitas

April 6th, 2008 by Felipe

Estoy cumpliendo 36. Alguien me pregunta qué se siente. No importa qué le respondí. Estoy sorprendido. Son muchos años.

Terminó el año más intenso de mi vida a la fecha. El mejor y el peor. Todo junto. Eso no significa que la intensidad haya terminado o siquiera haya disminuido. Simplemente pasaron 366 días.

Me siento superviviente de una guerra que no acaba.

Pero aún a media batalla hago una tregua para apagar mi pastel, que está incendiándose.

Estoy vivo. Demasiado.

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La vida de la mente

April 4th, 2008 by Felipe

Es posible que quede alguna copia por ahí; no sé en dónde y no quiero averiguarlo. Duraba veintitantos minutos y se llamaba Máscaras sagradas. Era 1993. Yo quería ser cineasta. O rockero. Ambas cosas. Acababa de ver Barton Fink, de los hermanos Coen. Todavía me emociona la escena donde John Goodman corre por los pasillos del hotel disparando una escopeta que le queda pequeña en las manos. «I’ll show you the life of the mind!… —dice y dispara, ¡pum!— I’ll show you the life of the mind!» El hotel se incendia a su paso.

Máscaras sagradas nada tenía que ver con eso, salvo porque estaba llena de detalles caprichosos y obsesivos: me empeñé en que tanto las cortinas, como el tapiz del sofá, como el vestido de la chica linda de la historia, fueran de la misma tela floreada. O que sin motivo alguno apareciera en varias escenas un tipo con máscara de Blue Demon. O en montar una pastorela con todo y Diablo, angelita y Jesucristo… (en seguida, el Diablo y la angelita cogían ante las carcajadas del Jesucristo con todo y corona de espinas encima).

La historia, como la recuerdo, iba más o menos así: el cantante de una banda de rock conoce a una chica que resulta ser testigo de Jehová. Se enamora de ella, pero el asunto es absurdo porque ella intenta convertirlo a su religión, es virgen y tiene culpas y la Biblia dice que. Al final, creo que los dos cogían o al menos lo intentaban, y ella se iba para siempre, el tipo se deprimía mucho y, para ser rigurosamente fiel al género del cortometraje universitario, intentaba suicidarse. Esto lo hacía tras declarar para sí mismo: «Ya he vivido todo lo que puede vivirse… todo lo que puede vivirse.»

Me gasté todos mis ahorros grabándola y luego editándola. Me gané enemigos por empecinarme en conseguir las cosas tal como las quería. Abusé de la confianza de la gente que amablemente me prestaba su casa como locación, y de la instalación electrica de esas viviendas. Al final terminé editando en la oficina de mi jefe. Curiosamente me acompañaron en esto la actriz y el actor, que se tiraban la onda (yo, que estaba secretamente enamorado de la actriz, padecía las miradas cursis que se lanzaban el uno al otro). Todas las demás personas que estuvieron en las grabaciones huyeron.

Lo terminé justo para enviarlo a un concurso de mediometrajes en video. No gané. Ni siquiera quedé de finalista.

Cuando todo pasó, me recuerdo estar bajo la lluvia, parado en un puente peatonal sobre el Periférico, repitiendo la frase «…todo lo que puede vivirse…» y mirando pasar los automóviles abajo. A toda velocidad.

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Segunda mano

April 3rd, 2008 by Felipe

Tengo siete años de kilometraje matrimonial y un hijo: soy un hombre de segunda mano. Se supone que no debiera importar, pero importa. En especial cuando los modelos de agencia están igualmente disponibles.

El mercado de segunda mano es triste: las pieles lozanas y el cabello perfecto son cada vez más improbables. Es un mito aquello de que la conversación y el sexo mejoran con la edad; después de los veintipocos años quien es buen conversador o fornicador, lo será siempre y quien no, difícilmente. Y los divorcios o los largos años de sucesivas relaciones fracasadas son como los choques: la hojalatería y la pintura no alcanzan a desaparecer el golpe.

Por eso los de segunda mano nos resignamos a juntarnos con otros de segunda mano en reuniones que imitan mal a las de veinteañeros, y buscamos parejas de segunda mano que inician los romances con excesivo realismo. O evitamos como la peste todo lo que huela a segunda mano, y asistimos a reuniones de veinteañeros bebedores de cerveza en departamentos sin muebles y salimos con chiquillas que dicen preferir a los hombres maduros… como uno.

O nos quedamos solos. Pensando en lo bueno que hubiera sido todo si hubiéramos sabido manejarlo mejor.

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Etérea etérea

April 2nd, 2008 by Felipe

La mirada enorme. Era su ojo derecho un milímetro más grande que el izquierdo; pero esa asimetría también era, a su manera, perfecta. El fleco cubriéndole la frente, el cuello delgado, el vestido clásico —desconozco de marcas o diseñadores, sólo sé que me remitía a los años cincuenta—. Tenía tres pequeñas costras en el pie, alineadas, como un dibujo.

—Me caí —dijo señalándolas; y hasta ese accidente suyo parecía deliberado.

Tiene 23 años y la vida simplificada de las modelos: puede ir a cualquier ciudad del mundo. Sólo es cosa de tocar la puerta en alguna agencia del país elegido y la contratan de inmediato: es universalmente hermosa.

Yo recité mi monólogo habitual: el resumen de mi último año de vaivenes. Quizá fue por eso que. Pero no sé. Ella reía y no tenía prisa por cortar la conversación.

Tras dos horas de charla, le pregunté:

—¿Y estás saliendo con alguien?

Respondió que sí. Y ese “sí” era una disonancia.

—En realidad —explicó con voz muy dulce—, cuando me invitaste creí que era por algo de la revista… no pensé que fuera a ser un date. Lo siento.

Y sonrió.

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Arte contemporáneo

March 30th, 2008 by Felipe

El artista-conceptual recolectó cabezas de cerdo provenientes de taquerías callejeras y las puso en charolas de metal. Ciento cuarenta y cuatro cabezas de cerdo, con sus ojitos sumidos, su boca a la mitad de una mueca, olor a fritanga. Encima de cada una de las cabezas, dispuestas en un cuadrado exacto de doce por doce en el piso de la galería-vanguardista, había una lámpara de taquero, de esas que usan para mantener la temperatura. Como son lámparas de alto wattaje, fue necesario acondicionar la instalación eléctrica. Pero eso lo pagaba el coleccionista-exquisito. Un programa de computadora controlaba esos focos, que se prendían y se apagaban alternativamente, dando la impresión de una discoteca. La pieza se llamaba “Oferta y demanda”.

El crítico-de-arte miró la instalación con aire de haberle caído mal los tacos que se comió en el puesto de la esquina. Luego habló tres palabras con el artista-conceptual y con el curador-vanguardista. Le explicaron que el juego de luces estaba en línea con la bolsa de valores: si pusieran varios de esos cuadrados uno al lado del otro hasta formar una línea larga, se podrían leer las fluctuaciones de las acciones conforme aparecen en el índice de precios y cotizaciones. Volvió a darle vueltas a ese cuadrado. La cara de uno de los cerdos le recordó la de su mamá. Se despidió de beso del artista-conceptual y del curador-vanguardista.

En casa, encendió la computadora y escribió un texto en automático. Buscó en la enciclopedia nombres de economistas importantes y los introdujo al texto. Alabó la inteligencia del artista. Determinó los derroteros del arte para las próximas décadas. Decretó la muerte del arte tradicional con esa pieza. Salvó el texto y se fue a dormir.

Soñó que estaba posando desnudo para Goya. Goya se reía de él. Goya tenía la cara de su madre. Él le reclamaba: un pintor no puede reírse de mí, yo soy el crítico. Goya seguía riendo, en cuanto intentaba dar una pincelada, la carcajada lo vencía.

Despertó con dolor de cabeza. Releyó el texto en su computadora. Intuyó que había un timo en todo esto. Pero no supo ubicar en dónde.

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Y a propósito de encuentros literarios…

March 28th, 2008 by Felipe

(No, no se trata de un infumable encuentro de escritores o, peor, de poetas; sino de esa clase de encuentros novelescos de los que hablo en el post anterior.)

Lugar: Heladería Neve Gelatto frente al parque España.

Hora: Cerca de las ocho de la noche.

Situación: Mi hijo y yo comemos helado. Él está batido de helado de chocolate y yo, muerto de la risa. Estamos a punto de irnos.

Entra al local una joven de porte aristocrático. Cabello corto, atuendo elegante, belleza perturbadora. Mirarla provoca el siguiente efecto: el sonido ambiente desaparece.

Pide algo en la barra y se sienta en una de las mesitas de afuera. Abre su moleskine y empieza a escribir rápidamente en una caligrafía ordenada en tinta negra. Creo que era una pluma fuente.

Cuando me doy cuenta, estoy de pie, detrás del cristal, mirándola.

No sé si viene sola o si viene con el tipo que está en la barra y mira, como yo, en dirección a ella. Espero a ver si se sienta con ella. Nada. Sigue en la barra. Yo permanezco como un cretino de pie mientras mi hijo me dice papá ya vámonos.

Me lo trepo en los hombros. Ella escribe sin mirar a nadie. Paso frente a ella y prosigo hasta que me oculta la penumbra.

—¿La viste? —le digo—. Está muy guapa, ¿verdad?
—Sí, muy guapa —repite mis sílabas.

Decido dar una vuelta completa a la cuadra. Si al volver, ella está con el tipo de la barra —o con cualquier otro— me seguiré derecho. Si no, la abordaré.

En el camino mi hijo me dice que hay murciélagos, pero que son sus amigos.

Volvemos a la esquina. Diablos. Está sola. Me planto frente a ella. Mi hijo en mis hombros.

—Hola. Ehm. Mi pregunta te va a parecer estúpida, pero… tú no modelas ¿o sí?
—No, bueno, sí… a veces —o su sonrisa es hermosa incluso ante preguntas estúpidas como la mía; o en verdad que no le pareció estúpido lo que pregunté—. ¿Por qué?

Le expliqué las razones: un oscuro proyecto editorial en la revista que busca gente hermosa en la ciudad. Pero que excluía a modelos, actores, o gente que salga en los medios.

—Uy no —dice—. ¡Yo conduzco un programa de tele!
—No me digas. ¿Cuál?

Me dijo. En mi vida lo había oído. Le dije que ni modo. No servía para el oscuro proyecto editorial. Aunque igual sí era buena idea que me diera su teléfono.

Me lo dio. Ya la googleé. En efecto, es conductora de tele.

Ahora yo tengo su teléfono y cada vez que pienso si llamarla o mandarle un SMS me entra el writers block. ¿Qué hago?

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Y luego uno va y lo postea

March 26th, 2008 by Felipe

La escena donde Humbert Humbert se asoma en el jardín y mira, por vez primera, echada en bikini entre los aspersores de agua del jardín, a la nínfula Haze. El verso en el que Romeo descubre a la hija de la familia rival entre los convidados a la fiesta (What lady is that, which doth enrich the hand of yonder knight?). El párrafo donde Raskolnikov mira por vez primera a una jovencita prostituta y enfermiza y se compadece.

Mientras uno lee, se presiente que ahí está el encuentro definitivo. Páginas adelante uno constata que esa intuición era correcta.

Como leo más de lo que vivo, he adquirido el vicio de imaginar mi existencia como una narración. Cualquier encuentro fortuito de la vida real lo confundo con su equivalente literario. Pero casi siempre la intuición me falla: la de ayer no fue Lolita; tampoco la de la otra vez fue Julieta, ni la del otro día era Sonia…

Con tal de poder narrar la propia vida como si fuera una gran novela, uno desiste de la grandilocuencia, y opta por el tono hiperrealista, que es cínico, desencantado, pero al menos sigue siendo literatura:

Cuando la miró por vez primera en la cafetería le disgustó que utilizara esos anteojos. Hablaron y ella dijo que tenía depresión crónica y dos hijos adolescentes que, sospechaba, le robaban dinero. Tampoco era bella. Aún así la invitó a salir. Al menos sabía que una mujer así no iba a rechazarlo.

Etcétera.

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Encuentro con Dios

March 25th, 2008 by Felipe

Cuando iba a la escuela soñaba con que al llegar se hubieran suspendido las clases.

Ayer salí de la editorial justo a la hora en que debía empezar mi clase. A la universidad hago doce minutos en promedio, ayer hice sólo ocho. Entonces vi el estacionamiento vacío, las puertas cerradas. ¡Ayer no había clases! Me sentí inmensamente aliviado y, con una sonrisa que no podía ocultar, me fui de pinta al cine. De pinta porque se supone que debería de haber vuelto a la oficina a seguir haciendo como que editaba la revista.

Para aprovechar mi escape no vi una sino dos películas de nombre similar en español: Los falsificadores y Los inquebrantables. La primera es una-película-más-sobre-el-Holocausto. Está bien, pero nada para correr a comprar el DVD.

La otra es de Woody Allen y en inglés se llama Cassandra’s Dream (da un poco de miedo imaginar las disfunciones neuronales de quien haya elegido el título en español). Como sea, a lo largo de toda la película tuve epifanías de cinéfilo que acabaron con una conclusión teológica.

«Woody Allen es un hijo de puta.»
«Na mames, a Woody Allen deberían darle el Nobel de literatura.»
«¡Woody Allen es Shakespeare!»
«Carajo, Woody Allen no debería de existir, es una anomalía, no se puede ser tan bueno y ser una sola persona.»

Y por último:

«Woody Allen es Dios.»

Salí del cine arrodillado.

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Recuento de mi vida de monje

March 24th, 2008 by Felipe

Como sé que están perdiendo el sueño, el apetito y las uñas porque la curiosidad los corroe, ahí les va lo que hice este fin de semana.

Escribí como 20 páginas a mi novela, que ahora debe tener unas 120 cuartillas. Faltarán otras 50. Soy la peor persona para decirlo, pero si no fuera mía, diría que está fabulosa. Estoy sumamente satisfecho de cómo va. (Favor de no hacerme caso.) Quedé exhausto. Me detuve en el momento en que francamente ya estaba escribiendo estupideces.

Leí 531 páginas de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Me faltan como 370. Me gusta; creo que hasta me ayudó a enfocarme para escribir lo mío.

Lo mejor: aprendí las bondades de no chatear. Sólo sirve para no vivir y para incomunicarnos.

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Que conste

March 19th, 2008 by Felipe

En estos días de vacaciones quedará probada mi fuerza de voluntad. Según yo, pretendo quedarme en casa a leer y escribir mi novela. Quizá salga de repente al cine, o a comer, o a beber; pero sólo para desentumirme. En todos esos casos habré de volver a escribir mi novela y a leer.

Si a partir de mañana, 20 de marzo, me ven conectado en el chat, no me hablen. El chat es mi peor enemigo porque se supone que no deberé estar chateando sino escribiendo.

Si acaso posteo, será señal de que me está fallando la voluntad.

Si al término de estos cuatro días no he terminado de leer por lo menos las 900 páginas de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo y de avanzar considerablemente mi novela, es que me dejé vencer.

Desénme suerte. Hasta entonces.

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Desorientación vocacional

March 17th, 2008 by Felipe

Si posteo muy seguido, ¿soy repostero?

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Pre historia

March 17th, 2008 by Felipe

—¿Y ésta dónde va?
—No sé… —yo le contestaba— ¿dónde crees que vaya?

Miraba el dibujo de la caja y luego decía:

—¡Aquí va!

A veces le atinaba, a veces no. A veces quería unir la palmera con la cola del estegosaurio. O meter al triceratops a la laguna. Cuando atinaba me decía:

—¡Mira, así sí va!

De repente yo le ayudaba un poquito. Terminó de armarlo y aplaudió. Luego le dije:

—Ya tienes que irte con tu mamá. Ya es hora.
—No me quiero ir, papá.
—Ya es tiempo, ella ya te extraña y te quiere mucho.
—Bueno.

El rompecabezas de dinosaurios quedó armado sobre la duela de madera. Dinosaurios felices, de un jurásico en antidepresivos.

Eso fue el viernes. No he querido desarmarlo.

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Mis rankings

March 15th, 2008 by Felipe

Según el Facebook, así estoy rankeado entre las 195 personas que tengo en mi lista de amigos:

1st a better sense of humor —cosa que me pone de muy buen humor.
3rd smarter —je, vaya, se me nota.
4th better at science —me parece una exageración; pero acepto este cuarto sitio.
6th more punctual —ah, ¡por 30 segundos!
6th more likely to succeed —ahí la llevo; sólo me falta tener el Nobel y a Miss Universo.
8th more powerful —por supuesto ¡puedo ser completamente invisible!
8th can drink more —agua.
9th crazier —y eso que mi psicóloga no está en la lista.
10th would make a better father —mis genes están garantizados; hago donaciones gratis.
11th rather get stuck in handcuffs with —nótese que “esposado a” no es lo mismo que “casado con”.
12th more likely to do a favor for me —ajem… tenemos que definir eso de “hacerme un favor”.
12th better catch —ya lo decía mi madre: tan buen partido que soy.
12th more talkative —hablo sobre todo por chat, pero sí, de acuerdo…
13th am I more jealous of —eso, ténganme celos.
13th harder worker —y si al menos eso se reflejara en el sueldo…

Etcétera y veamos mis últimas posiciones:

82nd better friend —snif… y ahora por eso, menos voy a frecuentarlos.
82nd more fashionable —veamos: uso converse, camisas desfajadas, jeans y a veces sacos. Ok, tienen razón.
83rd rather travel with —¿será porque no viajo ni a Toluca?
85th happier person —por favor, ¡no se tomen en serio este blog!
85th more naturally talented —sólo se me da escribir, hacer ensaladas y sándwiches, sacar argumentos convincentes de la manga, y ya…
85th more adventurous —pero algún día saldré de la oficina, algún día, y ese día me confundirán con Indiana Jones.
88th more outgoing
—eso de la extroversión no se me da mucho, pero creí que podía fingirla…

Y en último lugar:

91st a better smile —¿no es paradójico? ¿Ser el tipo con el mejor sentido del humor y la peor sonrisa?

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Parientes

March 13th, 2008 by Felipe

Andaban a cuatro patas, tenían la piel cubierta de pelo blanco con manchas y podía uno confundirlos con perros dálmata. Pero eran personas. Madre e hijo. Eran analfabetas, ni siquiera sabían hablar, la boca les olía a croquetas y movían la cola. Tenían el sentido del olfato muy desarrollado e ignoraban las mínimas reglas de convivencia, por lo que no tenían empacho en orinar en la banqueta o husmear tus partes pudendas. Cuando los saludaba, procuraba insultarlos para que cayeran en cuenta de su suprema ignorancia:

—¡Cómo están, tontos! —les decía—. ¡Analfabetas!

Y los dos, a pesar de ello, se alegraban mucho de verme. Como tiendo a ser didáctico, me ponía a su nivel y les hablaba en su lenguaje de gruñidos. Ellos me contestaban. Siempre la misma conversación sosa y su eterna queja de que estaban hartos de comer croquetas.

—Eso les pasa por no leer libros, ¡mensos!

Cuando los sacaba a pasear al campo abierto, ellos tenían condescendencia de mi falta de velocidad y me esperaban.

—Qué lento eres —me reclamaban a ladridos.

A los dos, con un año de diferencia, tuve que dejarlos ir. Desde la jaula me vieron atemorizados, hinchados por el cáncer.

—¿Quiere quedarse a ver?
—No, no… sólo háganlo rápido.

En cada ocasión me despedí de ellos con un abrazo, intentando quedarme con su olor, y me fui.

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Paréntesis

March 11th, 2008 by Felipe

(Se supone que él no debería estar posteando.

Uno, porque está descansando del blog; dos, porque está en cierre de edición; tres, porque no tiene nada interesante que postear.

Pero se asomó, y lo vio tan empolvado, que…

Cualquiera diría que está pasando por el temido writer’s block. Tal vez.

Se queda viendo el espacio para escribir y le parece un limbo.

Oprime una tecla, luego otra. Narrar lo que le está pasando en este preciso momento es un tanto redundante: llenar renglones con el viejo truco barato del escritor escribiendo sobre no tener nada que escribir —y que eso ya sea algo.

Hace justo un año bisiesto y unos pocos días… eso escribió y en seguida lo borra. Vuelve a escribirlo y en seguida lo borra.

Desiste. Es mejor seguir sin postear. Ante ese recuerdo sólo es mejor el silencio.

Sale del navegador; debe terminar de cerrar la edición, no distraerse.

Eso hace.)

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Dejar de postear…

March 4th, 2008 by Felipe

En estos últimos cuatro días no he posteado… ¡y me he sentido tan bien!

¿Será que este blog está viendo sus últimos días?

¿Será que he cambiado?

¿Será que ya no lo necesito?

¿Será que volveré en unas semanas más con bríos renovados y posts más picantes?

Mientras, sigo disfrutando de estas vacaciones involuntarias, pero inevitables.

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Soundtrack condechi

February 29th, 2008 by Felipe

En 1996, cuando la Condesa ya ostentaba meseras hermosas, pero no era aún esa aglomeración intransitable, fashionista, sucursal de Buenos Aires que es ahora, el soundtrack de todos los restaurantes era Madredeus; y cuando no, Dead Can Dance. Todo era intelectualoso.

Hacia el año 2000, antes del corralito argentino, ese soundtrack era cualquiera de las muchas ediciones de Café del Mar. Todo era lounge. Todo era cool. Y a mí me daba una flojera inmensa.

En 2004, no tengo idea de qué se escuchaba; yo andaba en otras cosas; creo que ni me paré por ahí.

Ayer por la noche fui a ver a Bajofondo: Gustavo Santaolalla y su banda. Tangos electrónicos. Y durante todo el concierto tuve hambre. Luego entendí por qué: 1) de un tiempo para acá es el soundtrack cliché de los restaurantes condechis, 2) ahí estaban todas las meseras argentinas, excepto las que cubrían turno a esa hora.

Por cierto, todos estaban brincando, muy felices; pero a mí me dejó indiferente. Todo era felicidad compartida; yo sólo quería un buen bife.

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