Archive for Noviembre, 2007
Noviembre 30th, 2007 by Felipe
Frases que me han dicho últimamente:
“Perdona que ayer te traté mal, cosita. Es que yo creo que soy medio bipolar, ¿sabes? ¡Hoy te quiero mucho!”
“No, sí te estoy haciendo caso, we, es que soy ADD, atenshon déficit disórder, por eso parece que no te pelo, we.”
“No es mi humor habitual… Estoy en mi transtorno depresivo estacional… ya está empezando el invierno… los días son más cortos…”
“No soy tú, soy yo… a veces entro en estados psicóticos…”
“Emilito, no te subas a las cortinas, amor; es que es hiperkinético él; yo creo que es un niño índigo.”
“Felipe, Felipe, Felipe… uta madre me cae que sí eres autista.”
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Noviembre 29th, 2007 by Felipe
Las conversaciones neuróticas también ocurren en el subconsciente. Aquí, iba con cierta ex a un lugar con alberca. Yo le decía, mientras chapoteábamos:
—¿Pero por qué se acabó todo?
—Ya no me sentía a gusto contigo.
—Pues claro que no te ibas a sentir a gusto, yo estaba hecho una piltrafa.
Se encogió de hombros.
—¡Pero ya no soy una piltrafa! —continué—; ahora soy otro, mira: ya me va bien, ya soy otro.
Se volvió a encoger de hombros. Ahora que lo recuerdo, ambos nos habíamos metido a la alberca vestidos.
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Noviembre 28th, 2007 by Felipe
No me calienta un grado ver a dos gringos copular con tan poca suciedad, con movimientos tan especializados. Ellas con los senos duros como esferas navideñas. Ellos con gesto de gays de gimnasio. Ambos fornicando como si hicieran ejercicios cardiovasculares —mientras se revuelcan en la arena de alguna playa tropical y nunca tienen rozaduras.
No deja de darme un morbo enorme. Me gusta pensar que los actores que ahí aparecen piensan que han hecho desnudos justificados y que en su CV presumen su protagónico en Lujuria en el Edén IV como el pináculo de sus carreras.
Lo cierto es que en esas pelis ni siquiera la actuación está justificada. Ni los diálogos. Ni las escenas sexuales. Ni que se abstengan de mostrar el sexo explícitamente y todos los revolcones puedan ser fingidos. Ni que yo no le cambie de canal. Ni que esté posteando sobre esto.
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Noviembre 27th, 2007 by Felipe
Se llamaba Hotel Garage. Éramos cinco. Yo tocaba el bajo; yo era todo huesos y tenía el cabello a los hombros. Era 1992 y me definía a mí mismo como “depresivo”. Hoy hubiera sido un emo más, pero en aquella época no existía el término. Éramos hijos bastardos de los años ochenta: queríamos que nos influenciaran U2 (cuando era bueno), Nirvana (cuando era todo) y The Cure (cuando parecían oscuros), pero en realidad —si hacemos un poco de honestidad— nos marcaba Bon Jovi, al que detestábamos.
Yo componía muchas de las canciones. Tenían versos lamentables como: “Bienvenidos a la era de lo simultáneo, del suicidio colectivo y la fascinación, naciste bajo el símbolo de lo arbitrario, en el último colapso de la religión.” O bien, como: “Estás buscándole placer a tu cáscara de piel y ya tienes comezón en medio de las piernas.” El chiste era que las estrofas tuvieran esdrújulas por aquí y por allá y los versos parecieran furiosos.
Componía las letras durante las clases en la universidad y la música por las noches, en mi casa, en la guitarra y en un tecladito casio. Me gustaban los acordes complicados, los cambios armónicos poco intuitivos. Realmente llegué a pensar que podía ser músico. Y mientras bamboleaba mi cabeza en el escenario al compas del bombo y miraba a la bella adolescente que me veía azorada, yo moría de miedo: nunca me iba a atrever a hablarle. Y lo puse en otro verso de otra canción, muy cursi: “Tú aquí y despertar me da miedo; tú aquí, podrías desaparecer; tú aquí, no me atrevo a hablarte.” Tres acordes, tres. “Tú aquí, esperando el amanecer.” Esa adolescente hoy ha de ser madre de familia, de treinta años, y quizá lea esto y ni siquiera se acuerde.
El peor momento de la noche era el de los solos. Un poco patético, porque salvo el guitarrista, ninguno dominaba su instrumento. El baterista perdía el ritmo; el tecladista se acomplejaba y le salía algo que parecía ejercicio del método Hannon y yo hacía una especie de dum dum dum extremadamente básico y nada impresionante. Entraba el guitarrista y se olvidaba nuestra torpeza; y el cantante hacía un la la la que el público repetía.
Entonces levantaba mi vista cubierta por mis greñas y buscaba a la adolescente para decirle algo con los ojos, algo esdrújulo y definitivo. Nada. La encontraba besando apasionadamente a un chico vestido en uniforme de la secundaria.
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Noviembre 26th, 2007 by Felipe
Los automóviles se petrifican —sus lucecitas rojas: infantiles pretextos para romper la línea recta—. Cada pisada al acelerador es una pulsación menos, me absorbe el respaldo del asiento. El rumor de la combustión interna es la vibración universal. Detrás de esta curva puede esperar la muerte. Soy el motor; este volante es un músculo. Tengo la quijada endurecida; mineral es mi sudor. Faros frontales autobús de pasajeros; vuelta al carril. No conozco los frenos. Soy mi campo visual. Pude matarte, pero ahí estás: sólo existen los autos que van a tu paso —el país se emborrona: se derrumba en el abismo que abro; sólo las montañas a las seis de la tarde—. Pude morir contigo. Ahí estás y sólo tú existes —a 180 km/h—. Rebasaste a una décima de segundo del error fatal. Estoy atrás de ti, te alcanzo en la próxima recta, después no sé qué pase.
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Noviembre 25th, 2007 by Felipe
—A ver, ¿yo cómo me llamo?
—Tú te llamas mi Papá.
—Sí, pero —yo todo orgulloso—. Además de Papá, ¿sabes cómo me llamo?
—Sí… Tú te llamas Jelipote.
—¿Eh…? ¿Jelipote? ¡Ah! No, mira, yo me llamo Felipe; así nomás.
—No, tú te llamas Jelipote… ¡Ya ni modo!
—¿Ya ni modo? ¡Mira a este! ¿Quién te dijo que yo me llamaba así?
—Yo.
—¿Tú?
—Yo digo que te llamas Jelipote y así ya te llamas.
—Ah pues… qué bien.
—¡Hola Jelipote! —y se ríe.
(Cuidadito lectores y empiezan a decirme así.)
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Noviembre 24th, 2007 by Felipe
Dos de la mañana. El lugar era diminuto y atestado de adultos, la mesita estaba sucia. En un monitor proyectaban el video de un concierto de Madonna que por momentos sincronizaba —mera casualidad— con la mala música del antro.
Y en medio de eso, mi amigo, con el enésimo vodka tonic en la mano. “No quiero regresar a casa, porque voy a estarle mandando mensajitos y pendejadas. Quiero regresar a casa fundido de pedo, no saber ni cómo llegué.” En fin, que me puse a darle consejos. Algo así:
“El chiste aquí es que no importa qué tan patán hayas sido, nunca te arrepientas de ni madre.”
“Si se volviera a repetir la escena y ella hiciera lo que hizo y todo lo mismo, ¿habrías reaccionado igual de mal? Si sí, ya ni le pidas perdón, es que así eres, güey. Más bien acostúmbrate. Ora que si no sabes por qué lo hiciste y se te botó la canica, pues sí ve y ruégale; pero si esa es tu manera natural de reaccionar y hasta la justificas, entonces mejor ve a terapia y en unos cuatro años ves qué onda.”
“Tú única esperanza es que ella se la pase realmente mal sin ti para que tengas probabilidades de regresar. Porque si se la pasa mejor sin ti, ya valió madres.”
“La otra es que te valga madre y a toda costa busques pasártelo bien tú, así ella igual regresa, igual no, pero tú estás chido.”
“El chiste, el chiste, es que ella regrese a rogarte a ti, güey, no al revés.”
“Ya la perdiste, cabrón, mejor vamos a un table.”
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Noviembre 22nd, 2007 by Felipe
Anoche me comporté como maestro irresponsable y decidí que no hubiera clases y mejor nos fuéramos todos a tomar un café. Hay un Starbucks frente a la universidad. Llovía. Estamos ya en final de semestre, así que mis alumnos llevaban laptops y se resistían a dejarlas cerradas: tenían que terminar el trabajo de merca, el de organizacional, etcétera. Yo pedí un frapuccino. Los observaba. Me acordaba de mí en ese entonces, hace quince años. Cuando me sentía inmortal. Cuando sentía que ya había vivido todo lo que puede vivirse —y realmente no había vivido nada. (Mi lema por ese entonces era muy deprimente: “Todo lo he vivido en teoría.” Y sí, en efecto: la frase puede voltearse y tiene varios significados.)
De pronto me di cuenta que estaba hablando de todo esto con uno de mis alumnos, que sólo me sonreía. Una alumna se sentó detrás de mí. Hermosa.
—¿Ya se puso a intensear, profe? —dijo en perfecto desparpajo—. Ya déjelo, lo va a deprimir.
—¿Y a poco sí después de los treinta todo es crisis? —dijo otra alumna.
Dije alguna broma estúpida para salir del paso. Luego me quedé mirando mi reflejo en el cristal. Mis anteojos; mi barba; mi cabello extremadamente corto; mis ojos tristes; mi sonrisa cansada. Parecía extraterrestre.
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Noviembre 22nd, 2007 by Felipe
Es algo que no domino. Sé redactar. Sé ordenar mis ideas. Mis conversaciones suelen ser ingeniosas, divertidas, sarcásticas. Puedo manejar el lenguaje, hacer juegos de palabras. Puedo crear realidades virtuales bastante verosímiles.
Esto, en un mundo de chateadores que sólo se comunican con emoticones animados, suele ser una ventaja.
En la vida real soy más bien torpe, pero no en el chat. Como pese a los emoticones prevalece la elocuencia, en Chatilandia yo podría gobernar, pero. Siempre hay un pero.
A la hora de no decir burradas, soy el primero en decirlas.
(Cuando uno es torpe en la vida real, por más que me adorne la gramática… El resultado es que a esta hora estoy posteando esto y no haciendo otras cosas.)
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Noviembre 20th, 2007 by Felipe
El sábado fui a una boda. Estaban muchos de los compañeros de la universidad. Prosperidad de la calvicie y de las lonjas. Ellas en el último estirón de la juventud, previo al bótox. Un amigo que conozco desde la infancia ahora es abogado, con una frente que se extiende hasta mitad del cráneo y tenía esas maneras acartonadas de los abogados.
—¿Qué has hecho? ¡Qué gusto verte! —palmadas, abrazo, risas estiradas.
—Yo muy bien; ahora llevo la dirección jurídica de K… —nombre de empresa que olvidé en ese instante—. Y ya me casé y esta es mi mujer y…
Me presenta a la esposa. Lanza la pregunta que mide el tamaño de los egos:
—¿Y tú?
—Yo ahora ando de editor de Ch… —nombre de revista que olvidó en ese instante.
—Ah qué interesante…
—…y ya tengo un hijo…
—¡Oye qué bien! ¿Y tu mujer?
—…y ya me separé…
—Uy qué mal. Bueno, adiós.
Me dio la mano, se dio la media vuelta y se sentó con su mujer. No volvió a dirigirme la palabra.
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Noviembre 19th, 2007 by Felipe
Lo más probable es que en el post número 100 postearé cualquier tontería (siempre posteo tonterías, pero esta podría ser una tontería especialmente cualquiera).
Porque eso de satisfacer las expectativas está insufrible.
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Noviembre 17th, 2007 by Felipe
De unos meses para acá, he tenido la extraña certeza de que alguien está de pie, o sentado, o esperándome; en todo caso me está mirando fijamente en el límite de mi campo visual.
Cuando volteo, no hay nadie.
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Noviembre 16th, 2007 by Felipe
Fui a un coctel en una casona en Bosques de las Lomas. Como soy rascuache, hasta que no voy a esa clase de eventos no comprendo del todo el significado de la palabra “emperifollado” (•). Yo desentonaba. Así que tomé mi copa de vino y mi plato con shawarma y tabule y confié en que me volvería invisible, como suele suceder en esos casos.
Pero no pasó así.
Los anfitriones se acercaron a mí y me hicieron plática. Los organizadores se acercaron a mí y me presentaron a otras personas. Entonces no tuve más remedio que socializar. ¿Final feliz? No.
Como soy un introvertido natural que raya en el autismo, cuando soy orillado a convivir, surge de las oscuras profundidades de mi ser un yo dicharachero y encantador, que me cae muy mal.
Siempre tiene la respuesta precisa. Siempre aporta la ironía que deja a todos pensando. Siempre se roba las conversaciones y acaba siendo el centro de atención. Siempre termina rodeado de gente y deseando huir, patearlos a todos, convertirse en animal y acabar a la mitad del jardín aullando como un lobo.
Nunca ha pasado tal cosa.
- No, no es follado en el periférico.
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Noviembre 15th, 2007 by Felipe
Cuando estudiaba la universidad todo se explicaba con el posmodernismo.
—No es lo que parece, te lo juro. Ella y yo sólo estábamos… tú sabes, sólo es una relación posmoderna.
A mí, en lo personal me preocupaba qué palabra utilizarían después del posmodernismo. Y me preocupaba más que palabra utilizarían después del después.
—El posposposposmodernismo es la época actual donde…
—Le faltó un pos maestro.
—¿Cuántos dije?
Ese problema se remonta a la Antigua Grecia. Ya Megalómano de Troya dictaba la situación así a sus escribanos:
—Si vivimos en la Época Antigua eso significa que lo antiguo es en realidad moderno, y lo realmente antiguo es verdaderamente muy antiguo. Ahora, ¿qué es lo moderno?
Los filósofos medievales, por su parte, se sentían como esos hermanos sandwich, a los que nadie pela
—¿En qué lugar de los Evangelios dice que esta época deba llamarse Edad Media? —reflexionaba San Goloteo; antes de que la Inquisición lo martirizara por andar cuestionando eso.
Finalmente llegaron los modernos. Pero ahora nos resultan antiguos. Y los posmodernos después, que poblaron la Condesa. Y ha habido contemporáneos y postcontemporáneos; y ultramodernos; y futuristas.
En adelante propongo, para evitar este tipo de conflictos, copiar a los chinos o a los meteorólogos, y que se bautice a las edades humanas igual que a los huracanes, con nombres propios.
—Nosotros, que vivimos en la Era Fabiruchis, tenemos la misión histórica de…
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Noviembre 14th, 2007 by Felipe
Estoy llegando a la conclusión de que escribir no es bueno para la salud, ni ayuda en nada a pasársela mejor.
La psicóloga me dice: “Kafka escribe maravillosamente, pero ninguna mujer en su sano juicio quería salir con él; sus parejas eran más bien sus víctimas. Tú decide si quieres escribir lo que escribes o salir con chicas y tener relaciones sanas.”
A las chicas al principio les parece genial que yo escriba… hasta que leen algo mío que no les gusta donde se sienten agredidas; que suele ser muy pronto.
No es cuestión de decisión escribir lo que escribo. Es que no puedo evitarlo.
—Eso de que no puedes evitarlo es algo que tú quieres creerte —dice mi psicóloga.
—Es que si no escribo, me iría desvaneciendo poco a poco.
—Sí… seguro…
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Noviembre 13th, 2007 by Felipe
A Chilango —esa revista que hago como que edito— acuden muchos reporteros deseosos de verse publicados. Cabe aclarar, para quienes no la conocen, que es una revista sobre la Ciudad de México (el link a su página web está en el side-bar que dice “Páginas para detenerse”). Y no es algo personal, es que en verdad ellos se comportan como si no quisieran verse publicados. Aquí algunos de los diálogos más frecuentes (y espero compartan mi desazón):
“Propongo hacerte una serie de entrevistas a personajes urbanos… ¿cómo ves?”
“…la crónica de un viaje en el Metro; los vendedores del Metro ¡y los fakires del Metro!…”
“…o como el mendigo de Coyoacán, o el vendedor de diccionarios, o los menonitas…”
“…historias de amor que se dan en los peseros o en el Metro…”
“…las cosas que a uno se le ocurren en el tráfico; se le ocurre a uno ¡cada cosa!”
“Hay que hablar del tráfico, de cómo, por ejemplo, resolver el tráfico.”
“…las prostitutas de La Merced; entrevistar a una o varias y que cuenten sus historias.”
“…tengo la idea de escribir una columna mensual sobre la ciudad, y los personajes urbanos, y en general de vivencias que uno tiene en la ciudad.”
“…se me ocurre que yo podría ser un insider y por ejemplo, que me paguen una escort y yo escribo sobre la experiencia de…”
“…es que tuve una historia bien fuerte con mi novio y creo que es algo que muchas chilangas hemos vivido y…”
“…porque la ciudad, toda la ciudad, es un volcán, ¿ves? O sea, están los dos volcanes, pero además todo es un volcán y la gente es la lava…”
“Llo kiero k m publiken pork yo soy 100% CH1L@NG0 y kiero ser periodista, jajajaja!…”
“…lo que puedo hacer es así escribir, pero como para los jóvenes, ¿no? Para que los jóvenes también sepan de…”
“…la Basílica que está en el Zócalo…”
En cuanto me dicen cosas así, mentalmente los elimino.
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Noviembre 12th, 2007 by Felipe
Los dinosaurios se alzaban en medio de los trenes. Hacían ruidos guturales y nos miraban con sus ojos amarillos. Ramoneaban unas hojas, no parecían hacernos mucho caso. Pero el tiranosauro sí se molestó: en cuanto entramos en su territorio, abrió sus fauces y lanzó un rugido.
—¡Qué miedo! —dijo el Hombre Araña; y realmente estaba aterrado, temblaba.
Las dos cosas favoritas de su mundo estaban ahí, a la vista, y gigantescas. Y por primera vez las veía como eran. ¿Los trenes eran realmente tan grandes? ¿Los dinosaurios eran más grandes que la gente?
—No tengas miedo —le dije—. Yo te cuido.
Huyendo del tiranosaurio, el Hombre Araña se enfrentó a un dilema grave: la vía del tren terminaba a los pocos metros en la pared de una choza de lámina.
—El tren va a chocar cuando camine —dictaminó.
Una hora más tarde, vimos a los peces de la laguna pelearse por la comida, agitando las aguas.
—¡Mira los peces! —le dije.
Y el Hombre Araña, consciente de todos sus superpoderes, me dijo:
—No tengas miedo, papá. Yo te cuido. Si te caes al agua, yo nado rápido y te cuido.
Lo seguí cargando en los hombros hasta que llegamos al auto.
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Noviembre 10th, 2007 by Felipe
Hace cuatro o cinco años fui a una fiesta en un penthouse al sur de la ciudad. Por azares que no voy a detallar aquí, en el auto viajábamos mi ex mujer, Alfonso Arau (el director de esa joya incomprendida, Zapata) y yo, que iba manejando.
A la fiesta asistieron mujeres con la piel ajada, los senos operados y bótox. Los hombres se peinaban hacia atrás, tenían la camisa abierta, cadenas de oro. Todos actuaban como veinteañeros. Todos tenían más de cuarenta.
El anfitrión había vivido su momento de gloria en el sexenio de López Portillo. Era amigo del hijo de Hank González y por esa razón, a los diecinueve años le dieron un puesto de asesor de algo. En realidad se dedicó a viajar con chofer y a levantar jovencitas, a las que paseaba por una ciudad que era suya, mientras le hacían sexo oral.
—Yo nomás llamaba y me cerraban las calles para que yo pasara.
En una pared del pasillo había un cuadro con fotos de él, de los años ochenta. En todas posa con chicas que muestran la banda cruzada que las acredita como Señoritas participantes de concursos de belleza. Algunas señoritas se repetían, ya sin banda, en distintas playas del país, como parejas del anfitrión.
Ayer fui a la fiesta de inauguración del departamento de un amigo. Yo no sabía cómo llegar, me dio indicaciones por teléfono. Me condujo a una calle que me pareció conocida: la misma donde estaba el penthouse. Me pareció evidente que el edificio al que iríamos no sería el de junto, ni el de enfrente, ni el de la esquina. Tuve la certeza de que sería en el mismo edificio. Así fue.
Sólo he ido dos veces a esa colonia al sur de la ciudad. De todas las calles y edificaciones que tiene, únicamente he ido a ese edificio.
En mi teoría, todas las ciudades son imaginarias. Avenidas distantes unas de otras en nuestra mente hacen esquina. Por eso siempre se reiteran sólo algunas calles, sólo algunas casas, sólo algunos edificios. El resto es una escenografía. Una calle en Manhattan puede continuar en Buenos Aires. Con la gente ocurre igual: nuestra ciudad imaginaria tiene sus habitantes específicos, a los que tarde o temprano vas a conocer, a los que encuentras en todas partes, no importa que tan lejos vivan, son tus vecinos.
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Noviembre 8th, 2007 by Felipe
Llevo todo el día haciendo lo posible para no ponerme a trabajar.
Chateo como un adicto. Checo mailes como si esperara que me escribiera Paulina James. Voy a juntas donde me dedico a hacer caracolitos en el cuaderno. ¡Fui a un museo dizque a hacer labor de relaciones públicas!
Por ejemplo, ahora mismo, estoy posteando en vez de entregar los textos que tengo que entregar. Qué bonito. ¿Y el Chilangoñol que tengo que escribir? Bien gracias. Y al rato, a las 9 PM, a CNN a hacer como si yo efectivamente trabajara en esto.
Claro, cuando sea el inexorable, fatídico y apocalíptico cierre de edición voy a estar trasnochando en esta oficina, con redbull intravenoso, mirando insomne la helada vista al estacionamiento vacío de madrugada.
Comenten para distraerme con ustedes y así ya no trabajé nada.
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Noviembre 7th, 2007 by Felipe
No voy a hablar de relojes derretidos —o tal vez sí; las horas son maleables, siempre el tiempo es una broma. Una noche de eternidad por una eternidad de silencio.
Sueñas lo que sueñas porque la mente no se engaña.
(No intenten entender lo que digo. Todo lo que he escrito siempre ha sido para que lo lea una sola persona.)
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Noviembre 6th, 2007 by Felipe
A los 11 años yo era un niño sabio. Las hormonas todavía no hacían sus estragos y yo miraba la vida sosegadamente. Después todo ha ido cuesta abajo; cada día soy más primitivo.
He aquí algunas de las cosas que, recuerdo, yo pensaba a esa edad:
• A Galileo lo castigó la Inquisición por pura flojera de tener que cambiar de orden todos los planetas y los libros. Cuando llega alguien a cambiarte todo lo primero que sientes es mucha flojera.
• Un hombre es más feliz estando sólo. No necesita a las mujeres más que para tener hijos, pero eso tampoco es necesario.
• Si hay algo inexplicable, los extraterrestres están detrás de eso.
• Programar una calculadora es el trabajo más aburrido del mundo: le tienes que enseñar que 1+1=2, 1+2=3, 2+1=3, 2+2=4, 1+3=4, 3+1=4… lo bueno es que una vez que se lo aprende, ya no se equivoca.
• Hay mujeres a las que les gusta salir encueradas en las revistas y otras a las que no. Lo raro es que nos guste verlas encueradas.
• Los adultos hacen con mucho orgullo cosas muy estúpidas: la guerra, fumar, emborracharse, enamorarse, trabajar.
• Como tengo buenas calificaciones, eso significa que cuando sea grande voy a tener mucho dinero.
• Yo nunca me voy a casar.
• Las canciones de adultos son muy tontas: sólo hablan de amor, ¿porqué si a los compositores se les ocurre hacer una canción sobre cohetes espaciales entonces es una canción para niños?
• Los adultos creen que los niños somos tontos. Pero es al revés.
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Noviembre 5th, 2007 by Felipe
(A propósito del consejo del difunto don Félix del post pasado…)
Nunca he podido llevarme bien con las mujeres tontas.
No es por falta de ganas. Es imposible que yo les resulte, ya no digamos atractivo, por lo menos interesante. Ellas buscan hombres de acción, de esos que arreglan autos y usan lentes oscuros. Que las tratan mal y no les exigen buena conversación —ellos tampoco la tienen—. Que viven fascinadas con su sexualidad y la usan irresponsablemente y luego tienen hijos accidentales.
Las veo pasar, con su porte de hembras humanas, diseñadas para aparearse y ya. Como no existo para ellas, he optado por hacer como que no existen.
En cambio, las mujeres de conversación compleja, sutiles en sus razonamientos, sensibles, comprometidas con diversas abstracciones, sofisticadas, un poco neuróticas… no que con ésas tenga el éxito asegurado, pero por lo menos puedo existir para ellas. Tantito.
Así que cuando don Félix me dijo lo que me dijo, sólo pensé: si tan sólo supiera cómo.
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Noviembre 3rd, 2007 by Felipe
El anciano del quinto piso siempre saludaba muy amable. Un día su departamento empezó a oler muy mal. Forzaron la puerta y lo encontraron con la cara metida en un plato de frijoles, la tele encendida en las caricaturas.
Eso debieron de habérmelo dicho antes. Siempre que me veía, me hacía plática. Hace poco, viéndome abatido, me recomendó que lo mejor era tener una novia tonta, porque las inteligentes son difíciles de controlar. Me reí y le agradecí el consejo. Se despidió y subió la escalera.
Ayer llegaron los nuevos vecinos: una pareja de argentinos con una niña. Subieron al depa del quinto piso muebles y cajas. Me saludaron como si me conocieran de siempre y la niña se metió el dedo a la nariz. Cuando pregunté al conserje sobre el viejito, me miró como si lo hubiera insultado.
—Ahí no ha vivido nadie desde hace como un año que se murió Don Félix.
Ayer fue día de muertos.
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Noviembre 2nd, 2007 by Felipe
Las exes son raras.
Unas quieren cobrar venganza y verte infeliz y arruinado de por vida y no te dirigen la palabra ni por error. Otras desaparecen por años, y un día reaparecen en otro extremo del mundo y te dan a entender que todavía hay amor —pero es un incendio lejano, como los que aparecen en las noticias—. Otras siguen creyendo que andan contigo. Otras se acercan a ti como para lastimarse y así convencerse de que no eras el indicado. A otras se las tragó la tierra. Otras te piden consejo para que las asesores porque se pelearon con el imbécil por el cual te dejaron. A otras les ha ido muy mal y no puedes evitar sentir pena. Otras se te acercan para mostrarte lo bien que les ha ido en la vida desde que te dejaron. Otras te siguen reclamando. Otras te ruegan que regreses. Otras desarrollan fobias y alergias hacia ti. De otras te enteras que nunca anduviste con ellas realmente y que eras, en el mejor de los casos, el amante.
Pero a todas las quieres mucho; demasiado. Y no puedes evitar pensar que tú eres su ex, y que también te han de ver como a una cosa extraña.
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Noviembre 1st, 2007 by Felipe
En unos instantes más haré mi debut en la TV. Si estás leyendo esto antes de las 8 de la noche de hoy, jueves, préndele al CNN y me verás tartamudear en pantalla. Al momento de postear esto estoy por salir a la emisora.
(Obviamente lo estoy posteando a última hora para que casi nadie me vea.)
Espero no sea debut y despedida.
También, hoy cumple cuatro años la revista donde hago como que soy editor. Cómprenla y usen a mi salud la guía de moteles que viene en portada. Estaremos celebrando el aniversario en un bar en la Condesa que se llama Yerbabuena. Cáiganle.
Hoy empieza el fin de semana. Como decía una frase que leí pegada en un pizarrón de corcho: “El trabajo nunca termina, los fines de semana sí”. Así que disfrútenlo.
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Noviembre 1st, 2007 by Felipe
Hoy la clase fue: “Teoría de los finales”. Un alumno preguntó si era sobre los “exámenes finales”. No. Expliqué: es sobre los finales a secas, cuando las historias se terminan.
(La clase que doy es sobre técnicas narrativas aplicadas al periodismo; específicamente, la clase de hoy era sobre cómo cerrar un reportaje.)
Algo había de irónico en dar esa clase justo en este día —cuando ya no hay nada más que decir.
En realidad quisiera decir más cosas, pero no las diré aquí.
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