En contacto con la naturaleza
Febrero 4th, 2008 by Felipe
Aunque se llama “El valle del silencio”, el rumor de las cuatrimotos lo desmiente. Los humanos nos divertimos de las formas más absurdas: manejar durante una hora y media para llegar a un bosque en franco proceso de desertificación a subirte a otra maquina de cuatro ruedas a dar de vueltas en un camino de terracería bordeado por neumáticos pintados de colores.
A eso le llaman ahora ir al campo.
Más adelante está “el valle de los conejos” , un descampado minado por heces de caballo donde conejos sólo encuentras en adobo. Saben a pollo. Nunca se sabe.
La peregrinación vehicular de ida y de regreso se acerca a la inmovilidad absoluta. Los campesinos a pie, cargados de morelianas y obleas, adelantan sin dificultad a la caravana (la orilla de la carretera es una galería de bolsas de plástico y botellas de plástico y latas oxidadas que van acumulando tierra). Por supuesto, lo primero que deseas hacer una vez que llegas a tu día de campo, es cambiar de medio de transporte. En mi caso, elegí un caballo.
El paseo de media hora es una incursión sin objetivo alguno en el bosque. Llegado un punto indeterminado de la vereda, la mujer que sirve de guía ordena dar media vuelta. Se comprende que la experiencia no involucra ningún punto de llegada sino es puro trayecto —mira los pinos, qué altos, mira las ovejitas— y, acaso, la montura —entender que durante siglos el ser humano no conocía los asientos ergonómicos y, en cambio la comodidad consistía en ir a horcajadas sobre un hervíboro.
Los diálogos captados al azar entre la multitud que siembra basuras en esos valles también sirven para defender la causa de la extinción humana:
«¡Go! ¡Go!… ¿Los caballos hablan inglés, o no?»
«Aquí deberían de construir un buen hotel…»
«Mira qué padre, sí tienen porterías.»
«Imagínate traer aquí tu moto de montaña.»
«Es padrísimo esto de salir de la ciudad y venir aquí al campo, al aire puro…»
This entry was posted on Lunes, Febrero 4th, 2008 at 1:36 pm and is filed under Soluciones al problema social. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

Febrero 4th, 2008 at 2:23 pm
Que pesimista…
Febrero 4th, 2008 at 2:31 pm
prefiero las motos, es mas emocionante.
saluditos!
Febrero 4th, 2008 at 3:21 pm
se me hace super mala onda treparte encima de un caballo… el que culpa tiene… mejor camina..
entre los dialogos que se escuchaban seguro estaba el del caballo:
este wuey se cree mucho con su cara de intenso pensador de la naturaleza..que no se da cuenta que me esta desmadrando la espalda
Febrero 4th, 2008 at 6:35 pm
Y no dijiste nada de los molestos insectos, del sol lacerándote la piel (ya sin la defensa de la capa de ozono), del polvo cubriendo cada milímetro de piel disponible, del viento despeinándote impunemente, de la ausencia de servicios, de la penuria de ir al baño, del lodo en los zapatos, del repugnante olor del aire sin humo, de las fallas en los celulares, de la imposibilidad de conseguir una bebida decente.
Si dios hubiera querido que viviéramos en el campo nos hubiera hecho conejos o caballos.
Febrero 4th, 2008 at 7:01 pm
nada es más sublime que observar una puesta de sol sin elbullicio de la gran ciudad, el problema es que somos las criaturas más nocivas que existen, las únicas que por ser “tan superiores” no respentamos espacios que no nos confieren.
no hay algo como una solución posible, sólo erradicarnos del planeta…
já! demasiado radical. Saludos, me gustó mucho tu blog
Febrero 4th, 2008 at 9:01 pm
Me dan miedo los caballos…las motos también.
Un saludo, gracias por pasar a mi blog
Febrero 5th, 2008 at 9:20 am
Este post hubiera sido mas optimista si lo hubiera escrito sipderman. Llevaste a Spiderman, ¿verdad?
Febrero 5th, 2008 at 1:57 pm
Y yo que pensaba que preferíamos la copia a la realidad…despúes de tu post me queda claro que no preferimos la copia sino la nostalgia ante la devastación.
Febrero 5th, 2008 at 4:08 pm
no prefieres la nostalgia a la rutina?
go … go
Febrero 6th, 2008 at 2:21 pm
cambia de amistades