Arte contemporáneo
Marzo 30th, 2008 by Felipe
El artista-conceptual recolectó cabezas de cerdo provenientes de taquerías callejeras y las puso en charolas de metal. Ciento cuarenta y cuatro cabezas de cerdo, con sus ojitos sumidos, su boca a la mitad de una mueca, olor a fritanga. Encima de cada una de las cabezas, dispuestas en un cuadrado exacto de doce por doce en el piso de la galería-vanguardista, había una lámpara de taquero, de esas que usan para mantener la temperatura. Como son lámparas de alto wattaje, fue necesario acondicionar la instalación eléctrica. Pero eso lo pagaba el coleccionista-exquisito. Un programa de computadora controlaba esos focos, que se prendían y se apagaban alternativamente, dando la impresión de una discoteca. La pieza se llamaba “Oferta y demanda”.
El crítico-de-arte miró la instalación con aire de haberle caído mal los tacos que se comió en el puesto de la esquina. Luego habló tres palabras con el artista-conceptual y con el curador-vanguardista. Le explicaron que el juego de luces estaba en línea con la bolsa de valores: si pusieran varios de esos cuadrados uno al lado del otro hasta formar una línea larga, se podrían leer las fluctuaciones de las acciones conforme aparecen en el índice de precios y cotizaciones. Volvió a darle vueltas a ese cuadrado. La cara de uno de los cerdos le recordó la de su mamá. Se despidió de beso del artista-conceptual y del curador-vanguardista.
En casa, encendió la computadora y escribió un texto en automático. Buscó en la enciclopedia nombres de economistas importantes y los introdujo al texto. Alabó la inteligencia del artista. Determinó los derroteros del arte para las próximas décadas. Decretó la muerte del arte tradicional con esa pieza. Salvó el texto y se fue a dormir.
Soñó que estaba posando desnudo para Goya. Goya se reía de él. Goya tenía la cara de su madre. Él le reclamaba: un pintor no puede reírse de mí, yo soy el crítico. Goya seguía riendo, en cuanto intentaba dar una pincelada, la carcajada lo vencía.
Despertó con dolor de cabeza. Releyó el texto en su computadora. Intuyó que había un timo en todo esto. Pero no supo ubicar en dónde.
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