Parientes
Marzo 13th, 2008 by Felipe
Andaban a cuatro patas, tenían la piel cubierta de pelo blanco con manchas y podía uno confundirlos con perros dálmata. Pero eran personas. Madre e hijo. Eran analfabetas, ni siquiera sabían hablar, la boca les olía a croquetas y movían la cola. Tenían el sentido del olfato muy desarrollado e ignoraban las mínimas reglas de convivencia, por lo que no tenían empacho en orinar en la banqueta o husmear tus partes pudendas. Cuando los saludaba, procuraba insultarlos para que cayeran en cuenta de su suprema ignorancia:
—¡Cómo están, tontos! —les decía—. ¡Analfabetas!
Y los dos, a pesar de ello, se alegraban mucho de verme. Como tiendo a ser didáctico, me ponía a su nivel y les hablaba en su lenguaje de gruñidos. Ellos me contestaban. Siempre la misma conversación sosa y su eterna queja de que estaban hartos de comer croquetas.
—Eso les pasa por no leer libros, ¡mensos!
Cuando los sacaba a pasear al campo abierto, ellos tenían condescendencia de mi falta de velocidad y me esperaban.
—Qué lento eres —me reclamaban a ladridos.
A los dos, con un año de diferencia, tuve que dejarlos ir. Desde la jaula me vieron atemorizados, hinchados por el cáncer.
—¿Quiere quedarse a ver?
—No, no… sólo háganlo rápido.
En cada ocasión me despedí de ellos con un abrazo, intentando quedarme con su olor, y me fui.
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