Segunda mano
Abril 3rd, 2008 by Felipe
Tengo siete años de kilometraje matrimonial y un hijo: soy un hombre de segunda mano. Se supone que no debiera importar, pero importa. En especial cuando los modelos de agencia están igualmente disponibles.
El mercado de segunda mano es triste: las pieles lozanas y el cabello perfecto son cada vez más improbables. Es un mito aquello de que la conversación y el sexo mejoran con la edad; después de los veintipocos años quien es buen conversador o fornicador, lo será siempre y quien no, difícilmente. Y los divorcios o los largos años de sucesivas relaciones fracasadas son como los choques: la hojalatería y la pintura no alcanzan a desaparecer el golpe.
Por eso los de segunda mano nos resignamos a juntarnos con otros de segunda mano en reuniones que imitan mal a las de veinteañeros, y buscamos parejas de segunda mano que inician los romances con excesivo realismo. O evitamos como la peste todo lo que huela a segunda mano, y asistimos a reuniones de veinteañeros bebedores de cerveza en departamentos sin muebles y salimos con chiquillas que dicen preferir a los hombres maduros… como uno.
O nos quedamos solos. Pensando en lo bueno que hubiera sido todo si hubiéramos sabido manejarlo mejor.
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