Historia de la lágrima
Abril 19th, 2008 by Felipe
Un día, cuando tenía como tres o cuatro años, recuerdo haberle dicho a mi mamá: «¡Ya llevo como dos semanas sin llorar!» Estaba muy orgulloso de mí mismo, porque me habían dicho hasta el cansancio «los hombres no lloran». Horas más tarde, mi padre me regañó. Lloré. Me dijo su frase favorita: «¿Quieres que te pegue para que llores por algo?» A veces cumplía su amenaza.
Lo curioso, ahora que hago memoria, es que mi padre llora con facilidad. Cuando en el día del padre abre sus regalos, por ejemplo. Como una niña. Hasta la fecha.
Con los años dominé el arte de vencer al nudo en la garganta. Era mi manera de hacerme hombre. Dejé de llorar por más de una década. Había olvidado qué se sentía.
Lloré por horas cuando mi abuela murió. Yo tenía 24 años. Después, el llanto volvió a ser muy esporádico. Esas pocas veces lloraba por mí mismo. Me daba pena ser tan insensible y era una manera de disfrazar mi frialdad.
Luego nació mi hijo. Desde entonces soy un sensiblero de butaca que no para de llorar en los cines. Anoche fui a ver Definitivamente, tal vez, comedia romántica sobre un padre divorciado. Lloré la mitad de la película, y eso que tiene final feliz.
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