El triciclo y el charco
Mayo 3rd, 2008 by Felipe
Había un pequeño charco en el parque. Agua lodosa, oscura. El triciclo necesitaba pasar por ahí. No una vez, sino decenas de veces: pasar por el charco era más interesante que cruzar por encima de los puentes de piedra, o subirse a los juegos. El chiste era mojar las ruedas, el chapaleo, sentir en los pedales el cambio de textura, pasar por encima del fango y no mojarse. No sé, no le pregunté y, si lo hubiera hecho, la respuesta hubiera sido incomprensible o tautológica: pasé por el charco porque había un charco. Las ruedas del triciclo dibujaban el camino de ida y de vuelta, antes de que el calor del sol las evaporara. Yo lo miraba de lejos. Él me decía:
—¡Mira, papá!
Y daba la vuelta y volvía a pasar. El lodo, el agua, el plash plash. Y otra vez. Y otra.
Cuando tenga edad y tamaño para pedalear una bici volverá a hacerlo, en charcos cada vez más grandes. Esa manía humana de meternos en la mugre y pretender salir ilesos.
This entry was posted on Sábado, Mayo 3rd, 2008 at 10:55 am and is filed under Entendimiento humano. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

Mayo 3rd, 2008 at 4:56 pm
Bueno, no tendría mucho chiste pretender salir ileso, si no pasas por el charco. Y es peligroso querer pasar por los charcos, sin pretender salir ileso.
¡Saludos!
Mayo 3rd, 2008 at 10:55 pm
Oh my God! No sé… Pero a mi me hizo recordar esa sensación del plash plash…
Mayo 4th, 2008 at 1:38 pm
Y aun cuando solo se tiene a la imaginación seguimos con la manía. isn’t right?
Mayo 4th, 2008 at 9:41 pm
¿No será hereditario eso de elegir el más intrincado de los caminos???
Mayo 5th, 2008 at 4:31 am
Domingo de felicidad para papá Gelipe… !que divertido!… meterse en la mugre, no para salir invicto, al contrario para exponerse…