Del método para fabricar el amor, parte II
Junio 28th, 2008 by Felipe
A los 14 años uno se enamora de la niña con brackets de 13 y ambos encuentran la manera de besarse. A los 24 no me parecía tan sencillo besar por vez primera. Lo que en la adolescencia era un acto más o menos intuitivo, una respuesta a impulsos animales, impulsos químicos (que yo nunca tuve, o si los tuve no supe encauzarlos), diez años después, en la mente de alguien pobremente expuesto al contacto humano (como yo), el sencillo acto de mirar a los ojos, mirar a los labios y acercarse, representaba demasiados cálculos, tantos que el acto era prácticamente imposible.
—Aquí se supone que debería de besarte —le dije en algún momento de nuestra caminata—. Pero no me atrevo.
Ella me miró, no sé si con ternura o lástima, pero no dijo nada. Se hacía de noche. 1996 fue el primer año en que hubo horario de verano en la ciudad, así que las tardes nos parecían asombrosamente largas. Ella sonrió pero no hizo nada más. Tampoco soltó mi mano. Sus manos eran tan pequeñas.
Esa noche, en casa, en la computadora, ya estaba yo elaborando el método. Llenaba páginas y páginas con observaciones sobre su comportamiento, sus miedos, sus manías, sus demostraciones de fascinación ante algo. Si la lógica me asistía, el amor podría inocularse en ella como un virus y ella sería, no yo, quien tomara la iniciativa. Con ello yo evitaría el complicado movimiento de la mirada a ojos, a labios y el acercamiento.
Aprendí, por ejemplo, que en su irracionalidad, el amor surge en presencia de lo arquetípico. En condiciones normales, los hombres nos enamoramos de nuestra figura materna y las mujeres de la figura paterna. Es una cuestión de carencias en el espíritu, de suplir los vacíos no resueltos. Se trataba de convertirme para ella en un arquetipo. En mi estado febril, supuse que podría lograrlo. Decidí, para ello, valerme de la escritura. Mis textos serían decretos de una realidad que se trastocaría por medio de las palabras. De mis palabras. Cada texto sería un hechizo. Mi método científico había derivado en el pensamiento mágico. Así sea.
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Junio 29th, 2008 at 12:48 am
Yo también me tardé mucho, muchísimo en dar el primer beso, y muy lame para mí y para él fue lo que me dijo después de enterarse que había sido el primero de mi vida: ¡Soy un pendejo!
Y yo lo quería matar con la mirada.
Junio 29th, 2008 at 2:48 am
Sí ps eso se puede logar, pero no es sostenible. Blah blah, son vacaciones! me voy a las islas como primer paso…
Junio 29th, 2008 at 8:53 am
me gusta cuando disminuyen tus fans, así retan tu imaginación. Besar, besar es cosa de niños.
Junio 29th, 2008 at 10:28 am
No es que disminuyan tus fans, es que algunas nadamas leemos pero no comentamos jiji, creo que eres mi vecino pero nunca te he visto, esto de los blogs causa paranoia, ¡ah! y besar con brackets no es muy lindo que digamos.
Junio 29th, 2008 at 2:27 pm
Saludos, dice una fan. Que sepas que tienes un premio en mi blog. Y ya.
Junio 29th, 2008 at 5:03 pm
Amar y correr son dos actividades a las que deberíamos resignarnos a renunciar desde la más tierna infancia (que no tiene nada de tierna). Las dos prometen privilegios que en realidad nunca ves, requieren de mucha disciplina e imaginación, son carísimas (piensa en un anillo de compromiso o unos shorts dry-fit) y al final lo único que hacen es dejarte el cuerpo y el alma adoloridos.
Deja todo, don’t do it, impossible is everything.
Junio 29th, 2008 at 8:19 pm
estoy picada, como si fuera la telenovela de las 9… (no ofense)
Junio 30th, 2008 at 1:06 am
Recordé que tenía también un método y un plan, creía en un tipo de veneno de efecto lento. Que cosas piensa uno a esa edad.
Junio 30th, 2008 at 10:07 am
Ash, ¿o sea que el método para encontrar el amor es escribir frenéticamente y luego mostrarle lo escrito al objeto de nuestro afecto y poner los ojos en blanco y esperar que nos bese y nos diga “te amaré por siempre jamás, oh mi bella Rapunzel”?
¿Eh?
Bueno, de todos modos te di un premio, mi querido Jelpas. Y es tan, TAN tonto que lo tienes que ir a recoger:
¡Acá!
Junio 30th, 2008 at 7:05 pm
“El sencillo acto de mirar a los ojos, mirar a los labios y acercarse, representaba demasiados cálculos”… Esta es mi parte favorita, me
identifiqué tanto que recordé que mi primer beso, también, todo fueron puros cálculos…
El segundo fue el mejor…
Un abrazo cálido para el dueño de este sabroso blog…