Despistado soy, pero no creo que sea solamente eso. Este hecho se repite en mi vida: conozco a una chica, la frecuento unos días y de pronto me entero que en ese lapso se empezó a acostar con, o se ha enamorado de, o se fajó con, o todas las anteriores. Yo me pregunto, en qué momento.
Pasa la vida ante mis ojos y es como si no supiera cómo agarrarla. Voy a la misma fiesta que todos los demás y al día siguiente me entero que ellos dos se fueron a un motel, que aquél se beso con ésta y con aquella, que en la media hora en que la dejé de ver, ella tuvo un affair con él.
Entonces empiezo a teorizar: ellas muy probablemente ni se den cuenta de que yo… o quizá lo sospechen, pero como tampoco doy señales claras. Cuando finalmente he logrado invitar a la chica en cuestión, es posible que lo haya hecho con un rodeo del tipo:
Chica Linda N: ¿Y por qué piensas eso?
Yo: Mmmh… esa pregunta tiene respuesta complicada, ¿por qué no mejor la conversamos en vivo?
Entonces la chica accede, pero como mi modo de invitar fue así de indirecto, de casual, nunca sé si aceptó por interés amistoso, laboral, científico, esotérico, alcohólico o romántico. O ninguno de los anteriores. El caso es que durante las dos o tres horas de charla intentaré encontrar la línea perfecta que conduzca al beso, o al motel, o por lo menos a la perturbación amorosa.
Pero termina en: me divertí mucho, a ver cuándo volvemos a salir, baaaiii.
O luego me entero que alguna Chica Despampanante estaba enamorada de mí. Como jamás creí que eso pudiera ser posible, todo el tiempo me conduje con ella como si mi persona sólo pudiera inspirar sentimientos amistosos en el mejor de los casos. Por supuesto, ella se cansó de moverme sus pestañas (única señal para todo mundo evidente e irrebatible, menos para mí) y decidió irse a, no sé, Australia; o por despecho se metió con el tipo más inconveniente que pudo encontrar.
Y mientras yo estuve escribiendo esto, ustedes se revolcaron, amaron, tuvieron orgasmos.