(por definir)

Pseudo blog pseudo literario y pseudo filosófico (favor de no escupir la pantalla al decir “pseudo”)

 
••••••••••••••••••••••••••••••••• MI ANTIGUO NICK ERA “OXIDENTE”, PERO ERA ÑOÑÍSIMO

Archive for the 'Entendimiento humano' Category

Breve tratado sobre el funcionalismo

Julio 21st, 2008 by Felipe

Hemos visto que las corrientes estéticas empiezan en una cosa y acaban en otra que nada tiene que ver.

Por ejemplo, el Arte Gótico levantó algunas de las más impresionantes catedrales europeas durante la Edad Media y 800 años después ha derivado en el uso de gabardinas de terciopelo negro, botas de minero, camisas de holanes y la cara maquillada como un mimo triste.

El Romanticismo produjo en el siglo XIX los estudios para piano de Chopin y todos los cuentos de Edgar Allan Poe; 130 años después ya se había convertido en las canciones de Daniela Romo, Lucía Méndez o Arjona.

Eso mismo pienso hacer aquí con el Funcionalismo. Como ustedes saben, comenzó como una vanguardia del diseño arquitectónico en la cual la forma estaba supeditaba a su funcionalidad. A principios del siglo XX tuvo su mayor expresión en la escuela de la Bauhaus y ahora, 100 años después, ha llegado a la psicología.

Los funcionalistas, para acabar pronto, son personas cuyo común denominador es: no se juntan conmigo nunca, (excepto que quieran aparecer en Chilango; aquí un ejemplo). Comparten también algunas otras características: su vida es altamente funcional (de ahí su nombre), sus decisiones son funcionales, sus amores son funcionales. Tienen vidas exitosas y predecibles, conversaciones intrascendentes, y no leen este blog ni ningún otro.

Puedo detectar de inmediato la funcionalidad de una chica linda. El método es bien simple: si paso frente a ella todos los días y nunca me dedica una mirada ni por equivocación; ella es funcional, sin duda alguna.

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La verdadera mente humana

Julio 12th, 2008 by Felipe

No a todo mundo le da por escribir o por pensar sobre la condición humana. Si nos ponemos a ver, distraer la mente en eso es una idiotez.

Imaginemos al cavernícola cazando al bisonte. Él pensaba: «Venir viento del norte, no poder olernos. Voy a usar lanza larga.» (Los cavernícolas, está comprobado, hablaban en infinitivo y tenían problema con algunos artículos.) Y eso hacía.

Pensemos en el futbolista después del partido. El reportero le pregunta:

—El partido… —si se fijan, no es una pregunta, lo hace así porque está comprobado que la mente de los futbolistas no puede procesar las interrogantes.

Responde el futbolista:

—Muy difícil, tuvimos que luchar mucho, pero finalmente conseguimos el gol que era lo que buscábamos.

Científicos rusos han comprobado que el repertorio total de respuestas de futbolistas no supera la decena.

Veamos ahora a la joven en bikini que dora su piel al sol. Lleva cincuenta minutos en perfecta inmovilidad. Nos preguntamos ¿en qué piensa durante todo ese tiempo? Luego reformulamos la pregunta: ¿piensa?

Los tres ejemplos citados muestran el estado natural de la mente humana. Cualquier intento de reflexionar en algo es ir contra natura (y si no, veamos los esfuerzos del futbolista por articular algo). La mente humana no fue hecha para escribir o para filosofar. Esas son desviaciones. Claro, a fuerza de que las bibliotecas y el internet están llenas de los textos de los desviados, se piensa que la mente humana es propicia para la escritura y la reflexión. Ahora mismo estoy ejerciendo mi desviación biológica y en vez de cazar bisontes o buscar a la hembra, o tragar, posteo. Y tú, estás leyendo. Estamos mal. Muy mal.

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El librocara decodificado

Julio 11th, 2008 by Felipe

El erudito Dr. en Arqueología Binaria, Panfleto de Eldefe, hijo de Pantufla, hijo de Pambazo; tras realizar una serie de excavaciones tecnológicas ha logrado descifrar el código de Librocara, una antigua religión que los antiguos humanos profesaron allá por el siglo I antes de la Explosión.

Tras un somero análisis de su contenido —una cantidad monstruosa de rituales misteriosos que incluían actos simbólicos como regalarse detergente Foca los unos a los otros (quizá como una forma de purificación del alma), o mandarse a nivel planetario ositos de peluche que luego serían devorados por un perro del mismo material—, el Dr. Panfleto ha examinado el contenido de las imágenes para sacar conclusiones sobre el estilo de vida de nuestros antepasados.

Lo que más hacen es beber en vasos y en pequeñas ánforas de vidrio. Beben y lo demuestran ante el dispositivo que registró esa imagen. Eso hacen. Y mientras lo hacen, estiran la boca y enseñan los dientes. Suponemos que esas bebidas tienen un efecto narcótico, debido a la forma como les cambia la expresión conforme avanzan esas secuencias.

En seguida de esa actividad ritual, la otra es la peregrinación. Nuestros antepasados solían ir a lugares sagrados, a veces muy distantes de su lugar de origen, y una vez que llegaban a ellos registraban el evento en el mismo dispositivo que captaba las imágenes. Previsiblemente, vuelven a enseñar los dientes y estirar la boca.

También les gustaba amontonarse y mirar en la misma dirección: el lugar donde estaba el dispositivo que registraba las imágenes. Volvían a poner la misma expresión insustancial de la dentadura expuesta.

Cuando estaban solos, se registraban a sí mismos, adoptando una extraña postura con el brazo extendido. El Dr. Panfleto supone que así podían activar el dispositivo.

Una gran cantidad de ellos valoraban cosas extrañas, como la amistad y solían —en un código ortográfico particularmente inestable— decir que su cita favorita era con el amor de su vida en una playa.

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Pretenciosos

Julio 10th, 2008 by Felipe

Los pretenciosos no son capaces de ver del todo lo pretenciosos que son; para ellos es lo normal.

Los pretenciosos se mantienen en una muy delgada línea de preferencias. Por ejemplo: suelen decir que tal o cual cosa es pretenciosa. Así la descalifican.

También descalifican muy deprisa todo aquello que no alcanza el nivel mínimo que su pretensión exige. No vaya a ser que algún pretencioso piense que a otro pretencioso le gusta algo que no debería de gustarle.

Por otra parte, se sienten aptos para rescatar (rescatar es un verbo pretencioso) ciertas cosas que deberían ser descalificadas, porque las encuentran kitsch (palabra pretenciosa), cursis, cómicas o peor: auténticas.

Los pretenciosos, cuando tienen una epifanía (palabra pretenciosísima), y algo les gusta mucho, exclaman: «¡Es maravilloso!» A los pretenciosos les gusta maravillarse.

Cuando la pretensión es incurable, los pretenciosos admiten serlo, como un acto de humildad posmoderna. Ejemplo: este blog es pretencioso; este post es pretencioso.

Los pretenciosos, como su nombre lo indica, pretenden ser más inteligentes, más artísticos, más creativos, más hermosos y más jóvenes de lo que son.

Un niño no es pretencioso. Un adolescente está casi obligado a ser pretencioso para individualizarse; cuando lo logra puede dejar de serlo. Los adultos pretenciosos se juntan con otros adultos pretenciosos para demostrar quién ha logrado más que el otro y establecer qué cosas son maravillosas, qué cosas no lo son y qué cosas son rescatables.

La pretensión es el origen de la cultura contemporánea.

Yo soy un pretencioso. He conocido a alguien que no lo es. Al principio es extraño, pero muy pronto empiezo a sentir que todas mis pretensiones son bien tontas. Tal vez me empiece a gustar el reggaetón.

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Mis días imbéciles

Julio 2nd, 2008 by Felipe

El coeficiente intelectual no sé cómo sea —para qué mentir—, pero estoy seguro de que fluctúa. La chica que en cierta época de su vida fue inteligente, irónica y con un humor delicioso, te la puedes encontrar años después convertida en una analfabeta funcional (y fláccida y hablando sólo de su marido). O al revés, al idiota de la universidad te lo encuentras convertido en un cuasi genio, exitoso y agudo.

Uno mismo percibe esas fluctuaciones día con día. Ahora por ejemplo, estoy pasando por un periodo de imbecilidad profunda.

Estoy como adormecido, mis comentarios carecen de ingenio, mis teorías me son incomprensibles incluso para mí mismo. Estoy en una conversación y todo mundo domina el tema. Yo sólo los miro hablar asombrado de que alguien pueda ser tan inteligente.

Como entre sueños me acuerdo de mis días de inteligencia, parecería que nunca los hubiera vivido. Y confusamente pienso: qué inteligente y qué triste era yo entonces.

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Todos estamos locos

Junio 2nd, 2008 by Felipe

En las descripciones que las personas hacen sobre sí mismas en los inabarcables Facebook, Hi5 y Myspace, abunda la aceptación de la locura:

«Estoy muy lokita», «Tengo mucho de loco y un poco de genio», «Estoy un poko loka», «Me gusta hacer locuras», «Dicen que estoy loco», «eStOy LoKo», «Nadie está más loca que yo», «Me gusta la gente loca». Etcétera.

¿A poco no es tierno?

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Civilización

Mayo 31st, 2008 by Felipe

Teníamos espacio libre para caminar por donde quisiéramos.

Para contrarrestarlo, inventamos las paredes.

Para contrarrestarlas, pusimos huecos a las paredes.

Para contrarrestar esos huecos, inventamos las puertas.

Para contrarrestar la puerta, instauramos la costumbre de tocar para que nos abran la puerta.

Para contrarrestar esa costumbre, inventamos la chapa y la llave.

Para contrarrestarlas, surgieron los violadores de chapas.

Para contrarrestarlos, se inventaron la policía y las prisiones, donde no se puede caminar más que en círculos.

Para contrarrestar a las prisiones y a la policía, se inventó la idea de la libertad, pero es pura nostalgia.

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La belleza perturba

Mayo 17th, 2008 by Felipe

O debiera decir, la belleza consterna.  Llámenme frívolo. Yo me diría vulnerable. Soy consciente de la relatividad de lo bello. Sé perfectamente que está condicionado por una serie de paradigmas culturales. Pero pierdo el hilo del pensamiento cuando estoy en la presencia de ciertas armonías geométricas. Mi cerebro se baña en químicos y no puedo dejar de admirar el milagro. Senos firmes, cintura breve, cuello largo, dientes perfectos, ojos de media luna. En cuanto entra en mi campo visual, mis pupilas se dilatan, transpiro, intento fingir normalidad. Mientras la escucho hablar me pregunto: ¿Si no fuera hermosa la escucharía igualmente fascinado? ¿Esto es en verdad una conversación interesante? No puedo responderlo. No lo sé. Pero sospecho que esos mismos argumentos me parecerían rebatibles si los dijera un hombre, o bien, intolerables si ella estuviera pasada de peso. Pero aquí suenan a verdad incuestionable, si disiento es que he vivido en el error. Por supuesto, la hermosa en cuestión se aburre. Ha de ser irreal vivir en un mundo donde nada de lo que uno dice es equivocado. Así que me armo de valor y le discuto. La bella se asombra. Me mira. Me responde. Le vuelvo a rebatir. Su atención es ahora toda mía. Inicia una delicada lucha de poder. Pienso que lo importante no es lo que se dice sino lo que se implica. Pero en un momento me extravío. La conversación es intelectual. Fluye de una mente a otra y no de un sexo al otro. La bella sigue inalcanzable. Debajo de esa capa de tersa piel es músculos y cráneo. Va a envejecer. Es un organismo viviente. Defeca. Orina. Suda. Se asusta como animalillo. Se excita. Duerme. Pero diablos, es hermosa. Y yo soy vulnerable.

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El triciclo y el charco

Mayo 3rd, 2008 by Felipe

Había un pequeño charco en el parque. Agua lodosa, oscura. El triciclo necesitaba pasar por ahí. No una vez, sino decenas de veces: pasar por el charco era más interesante que cruzar por encima de los puentes de piedra, o subirse a los juegos. El chiste era mojar las ruedas, el chapaleo, sentir en los pedales el cambio de textura, pasar por encima del fango y no mojarse. No sé, no le pregunté y, si lo hubiera hecho, la respuesta hubiera sido incomprensible o tautológica: pasé por el charco porque había un charco. Las ruedas del triciclo dibujaban el camino de ida y de vuelta, antes de que el calor del sol las evaporara. Yo lo miraba de lejos. Él me decía:

—¡Mira, papá!

Y daba la vuelta y volvía a pasar. El lodo, el agua, el plash plash. Y otra vez. Y otra.

Cuando tenga edad y tamaño para pedalear una bici volverá a hacerlo, en charcos cada vez más grandes. Esa manía humana de meternos en la mugre y pretender salir ilesos.

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La vida de la mente

Abril 4th, 2008 by Felipe

Es posible que quede alguna copia por ahí; no sé en dónde y no quiero averiguarlo. Duraba veintitantos minutos y se llamaba Máscaras sagradas. Era 1993. Yo quería ser cineasta. O rockero. Ambas cosas. Acababa de ver Barton Fink, de los hermanos Coen. Todavía me emociona la escena donde John Goodman corre por los pasillos del hotel disparando una escopeta que le queda pequeña en las manos. «I’ll show you the life of the mind!… —dice y dispara, ¡pum!— I’ll show you the life of the mind!» El hotel se incendia a su paso.

Máscaras sagradas nada tenía que ver con eso, salvo porque estaba llena de detalles caprichosos y obsesivos: me empeñé en que tanto las cortinas, como el tapiz del sofá, como el vestido de la chica linda de la historia, fueran de la misma tela floreada. O que sin motivo alguno apareciera en varias escenas un tipo con máscara de Blue Demon. O en montar una pastorela con todo y Diablo, angelita y Jesucristo… (en seguida, el Diablo y la angelita cogían ante las carcajadas del Jesucristo con todo y corona de espinas encima).

La historia, como la recuerdo, iba más o menos así: el cantante de una banda de rock conoce a una chica que resulta ser testigo de Jehová. Se enamora de ella, pero el asunto es absurdo porque ella intenta convertirlo a su religión, es virgen y tiene culpas y la Biblia dice que. Al final, creo que los dos cogían o al menos lo intentaban, y ella se iba para siempre, el tipo se deprimía mucho y, para ser rigurosamente fiel al género del cortometraje universitario, intentaba suicidarse. Esto lo hacía tras declarar para sí mismo: «Ya he vivido todo lo que puede vivirse… todo lo que puede vivirse.»

Me gasté todos mis ahorros grabándola y luego editándola. Me gané enemigos por empecinarme en conseguir las cosas tal como las quería. Abusé de la confianza de la gente que amablemente me prestaba su casa como locación, y de la instalación electrica de esas viviendas. Al final terminé editando en la oficina de mi jefe. Curiosamente me acompañaron en esto la actriz y el actor, que se tiraban la onda (yo, que estaba secretamente enamorado de la actriz, padecía las miradas cursis que se lanzaban el uno al otro). Todas las demás personas que estuvieron en las grabaciones huyeron.

Lo terminé justo para enviarlo a un concurso de mediometrajes en video. No gané. Ni siquiera quedé de finalista.

Cuando todo pasó, me recuerdo estar bajo la lluvia, parado en un puente peatonal sobre el Periférico, repitiendo la frase «…todo lo que puede vivirse…» y mirando pasar los automóviles abajo. A toda velocidad.

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De cómo las comedias románticas han echado a perder mis romances

Febrero 6th, 2008 by Felipe

A mis 25 años (es decir, hace 10), veía comedias románticas con el mismo fervor que ahora, pero con una diferencia: en verdad creía que el amor debía de ser así. Así que esperaba vivir relaciones cinematográficas. Haciendo una exégesis del tema, encuentro que hay recurrencias que no se ajustan a la terrenalidad de un romance terrícola. He aquí algunas de las que más daño causaron por creer que eran ciertas:

El personaje del escritor siempre es intenso, apasionado y profundo (además de que siempre conoce a una chica por la que sería capaz de despellejarse vivo). Y claro, yo quería ser escritor y por lo tanto debía de ser todo eso. De preferencia habitar en una buhardilla estilo europeo y enamorarme de la pálida chelista del edificio de enfrente.

Se besa con los ojos cerrados. Lo tonto es que para comprobarlo, a veces los abro.

El sexo es determinante y nunca es grotesco. Y la felicidad es directamente proporcional a la condición de atleta sexual que uno detente. Está bien: la química sexual sí determina si una relación funcionará o se irá apagando, pero las escenas de cama de la vida real distan de ser lo que el cine presenta. Las alternativas son: pecar de exigente, pecar de cándido o asegurarse que ambos vayan tres horas diarias a un gimnasio.

Si tu pareja no es encantadora es que eres un extra en la película. Nadie quiere ser el roomie de Hugh Grant en Notting Hill; o su hermana cara de pájaro. Pues bien, ellos tuvieron su romance también; pero…

La existencia de una mujer-de-tu-vida. Esto era verdad cuando la expectativa de vida en el ser humano era de 35 años. En ese sentido sí tuve una mujer de mi vida. El problema es que quiero vivir otros 35. Entonces el asunto se vuelve complejo, por no decir lo menos.

Que lo mejor que podemos hacer en la vida es tener una pareja. Sin comentarios este punto.

El momento en el que el protagonista descubre que la mujer de su vida la ha tenido todo el tiempo frente a sus narices y no se ha dado cuenta; en ese instante descubre que la ama (y la persigue, etcétera). ¿No les ha pasado? Pues a mí sí. Si han leído este blog completo ya conocen el desenlace de tan cerebral decisión.

La existencia de oportunidades que te presenta La Vida. Para empezar, La Vida no es una oficina que elabore el destino de sus seis mil y medio millones de afiliados. Así que nada, uno se las inventa y se lo cree y luego cuenta eso como un triunfo o un fracaso.

Que las historias se acaban con el emparejamiento definitivo. Y no, ahí apenas empiezan; sólo que cambian de género dramático: tragedia griega, pieza inmovilista, farsa melodramática, comedia de errores trágicos, etcétera.

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De por qué el desamor es indispensable

Enero 29th, 2008 by Felipe

Si el amor fuera algo ya previamente dado y no diera pie a ningún conflicto, la vida sería infumable. Supongamos que siguiera existiendo esa costumbre de que los padres eligen la pareja de los hijos. Imaginemos que uno aceptara mansamente esa condición y se cumpliera así aquello de y vivieron felices para siempre. Entonces los diálogos en las cantinas serían algo así:

—Se me descompuso el refri, cabrón.
—¿Qué?
—Así de la nada: estaba funcionando y hoy en la mañana, todo tibio.
—Qué mal pedo. ¿Y cómo estás?
—Estoy bien. Ya se me pasará el coraje.
—Igual al rato que regreses a tu casa ya funciona otra vez.
—No, no, es de esas cosas ¿sabes? que ya se veía venir. Ya olía un poco mal. Creo que lo de hoy fue sólo la gota que derramó el vaso… dejó todas las repisas enmieladas.
—Todos hemos pasado por eso. No será el primer refri ni el último.
—Sí, ya no había comunicación…
—¿Cómo?
—Congelación, quise decir.
—Ah, pinches refris, son todos iguales.
—Intenté todo, te lo juro, para salvar esa heladera.
—Pero uno los necesita, que si no. El mío anda en las mismas, ya uno no sabe en qué confiar. Y el técnico ahí nomás lo anda rondando. Como si no me diera cuenta. Lo deja mal para volver a meterle mano a la primera oportunidad.
—Si al menos los refris fueran tan confiables como las mujeres.
—Sí, no mames. Bebamos.
—Salud. Pinches refris.
—Pinches refris.

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El padre

Enero 15th, 2008 by Felipe

Tertulia literaria, circa 1994. Terminé vomitando mi borrachera en el lavabo de la casa. Pero horas antes, el anfitrión de la reunión, un escritor en sus cuarenta y tantos, líder inmoral de todos los veinteañeros que bebíamos esa noche, nos decía:

—El padre es un cabrón siempre. Tu papá siempre es un cabrón .

El suyo había sido uno de los mejores violinistas del país. Aparentemente nunca consideró que su hijo pudiera tener algún talento. Murió antes de rectificar esa opinión.

Uno de nosotros lloraba: Ruiz, un par de años menor que yo. Unos días antes le había dado a leer un cuento suyo a su papá. «Es una mierda», fue el comentario que obtuvo. Se limpiaba los mocos y se le cortaba la voz al decirlo.

En 1999 mi primera novela ganó un premio. Mi padre la leyó. «Es muy raro tu libro —dijo—. Terminé de leerlo por disciplina.» Quiero convencerme de que salí ileso de su comentario. Y si no me afectó fue porque ya estaba yo curtido por años de descalificaciones.

El domingo pasado, mi hijo tiró accidentalmente un vaso con jugo. Reaccioné como si cualquier otra persona tirara un vaso en la mesa: exclamé, me moví bruscamente para no mojarme, tomé un trapo, limpié y dije: ten cuidado.

Mi hijo —que no se inmuta cuando le llamo la atención por razones justificadas como no te cuelgues de las cortinas, las vas a tirar— se espantó por mi reacción y se dio por descalificado.

Observé su mirada baja, que evitaba verme. Le acaricié el cabello. Pensé: entonces así es como empieza todo.

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Tipología de chicas lindas

Enero 7th, 2008 by Felipe

La experiencia de mi nueva soltería me ha permitido reflexionar sobre las leyes del mercado humano: la oferta y demanda de chicas lindas disponibles para el emparejamiento. Sin otro afán que el de facilitar la comprensión académica de tal universo, propongo a mis estudiosos lectores la siguiente tipología (muy genérica):

De 18 a 25 años:  Son abundantes y relativamente fáciles de conquistar. Se impresionan fácilmente con poco presupuesto. Su belleza se ajusta mucho a lo que dictan las revistas de moda. Se enamoran de uno brutal, tóxica y fugazmente. Sostienen ideas sobre la vida y el mundo que no se ajustan ni a la vida ni al mundo. Suelen ser alcohólicas y consumidoras de narcóticos. Han tenido un gran amor devastador en su vida, contra el que comparan todo. Creen —con razón— que casi todos los hombres se enamoran de ellas. Se desnudan a la menor provocación. Tienen un horario de vida que las hace envejecer prematuramente. Son bisexuales. Sus amigos son idiotas la mayoría. Su idea de vacaciones es ir a acampar a una playa “virgen”, llena de capitalinos drogados. Tienen una amiga fea que no las deja solas. Su excelente condición física es incompatible con la mía. Estupendas e inolvidables, siempre que no te enamores de ellas: van a dejarte más pronto que tarde y la cruda es espantosa.

De 25 a 30 años:  Hay evidencia estadística de su existencia y algunos indicios de que posiblemente vivan entre nosotros; sin embargo las recientes exploraciones no han logrado hallar ningún especimen en libertad. Todas están o comprometidas, o casadas, o teniendo hijos, o estudiando su maestría en Barcelona. Pero hay científicos que aseguran haber visto a alguna en libertad y afirman que las que están solteras es obvio por qué están solteras: ni ellas se aguantan. Por mi parte, la búsqueda de este eslabón perdido continúa.

De 30 a 35 años: Son abundantes, pero difíciles de conquistar: las repetidas heridas de la vida las han puesto a la defensiva. Son exigentes, costosas y en general van a desestimar tus dotes sexuales: siempre han tenido un mejor amante antes que tú (a veces hace ya tantos años que es casi una leyenda). No las impresiona un vino barato, pero tal vez sí las embriague. Hay dos subespecies en la categoría de 30 a 35 años. Las primeras aún no tienen hijos. Las segundas ya los tienen. Las primeras son adoradoras de Reloj Biológico, deidad que les exige como tributo un hijo lo antes posible. Esto las vuelve depredadoras de tipos pazguatos y obedientes. Cuidado: está dispuesta a todo con tal de poblar al mundo con tus genes… o con los de quien sea; y no va a pedirte permiso. Las segundas son adoradoras de sus hijos, quienes las avasallan, aprueban o desaprueban a sus parejas, las extenúan, les roban todo el día y por más que hagas nunca serás más importante que ellos. Está además el fantasma del padre de sus hijos, con quien siguen sin resolver todos los traumas. Nunca, jamás, van a enamorarse de ti.

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No tenía idea de qué postear, entonces leí este comment

Enero 4th, 2008 by Felipe

…aquí: ¡click!

Y me pareció una muy buena pregunta sobre algo que, no miento en ello, sí me quita el sueño. Totalmente. Entonces:

¿Por qué una mujer se desnuda ante un hombre?

Mujeres: fuera timidez y contesten. Hombres: se reciben sus teorías.

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Inmortales

Noviembre 22nd, 2007 by Felipe

Anoche me comporté como maestro irresponsable y decidí que no hubiera clases y mejor nos fuéramos todos a tomar un café. Hay un Starbucks frente a la universidad. Llovía. Estamos ya en final de semestre, así que mis alumnos llevaban laptops y se resistían a dejarlas cerradas: tenían que terminar el trabajo de merca, el de organizacional, etcétera. Yo pedí un frapuccino. Los observaba. Me acordaba de mí en ese entonces, hace quince años. Cuando me sentía inmortal. Cuando sentía que ya había vivido todo lo que puede vivirse —y realmente no había vivido nada. (Mi lema por ese entonces era muy deprimente: “Todo lo he vivido en teoría.” Y sí, en efecto: la frase puede voltearse y tiene varios significados.)

De pronto me di cuenta que estaba hablando de todo esto con uno de mis alumnos, que sólo me sonreía. Una alumna se sentó detrás de mí. Hermosa.

—¿Ya se puso a intensear, profe? —dijo en perfecto desparpajo—. Ya déjelo, lo va a deprimir.
—¿Y a poco sí después de los treinta todo es crisis? —dijo otra alumna.

Dije alguna broma estúpida para salir del paso. Luego me quedé mirando mi reflejo en el cristal. Mis anteojos; mi barba; mi cabello extremadamente corto; mis ojos tristes; mi sonrisa cansada. Parecía extraterrestre.

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Terapia

Noviembre 14th, 2007 by Felipe

Estoy llegando a la conclusión de que escribir no es bueno para la salud, ni ayuda en nada a pasársela mejor.

La psicóloga me dice: “Kafka escribe maravillosamente, pero ninguna mujer en su sano juicio quería salir con él; sus parejas eran más bien sus víctimas. Tú decide si quieres escribir lo que escribes o salir con chicas y tener relaciones sanas.”

A las chicas al principio les parece genial que yo escriba… hasta que leen algo mío que no les gusta donde se sienten agredidas; que suele ser muy pronto.

No es cuestión de decisión escribir lo que escribo. Es que no puedo evitarlo.

—Eso de que no puedes evitarlo es algo que tú quieres creerte —dice mi psicóloga.
—Es que si no escribo, me iría desvaneciendo poco a poco.
—Sí… seguro…

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Inteligencia femenina

Noviembre 5th, 2007 by Felipe

(A propósito del consejo del difunto don Félix del post pasado…)

Nunca he podido llevarme bien con las mujeres tontas.

No es por falta de ganas. Es imposible que yo les resulte, ya no digamos atractivo, por lo menos interesante. Ellas buscan hombres de acción, de esos que arreglan autos y usan lentes oscuros. Que las tratan mal y no les exigen buena conversación —ellos tampoco la tienen—. Que viven fascinadas con su sexualidad y la usan irresponsablemente y luego tienen hijos accidentales.

Las veo pasar, con su porte de hembras humanas, diseñadas para aparearse y ya. Como no existo para ellas, he optado por hacer como que no existen.

En cambio, las mujeres de conversación compleja, sutiles en sus razonamientos, sensibles, comprometidas con diversas abstracciones, sofisticadas, un poco neuróticas… no que con ésas tenga el éxito asegurado, pero por lo menos puedo existir para ellas. Tantito.

Así que cuando don Félix me dijo lo que me dijo, sólo pensé: si tan sólo supiera cómo.

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Exes

Noviembre 2nd, 2007 by Felipe

Las exes son raras.

Unas quieren cobrar venganza y verte infeliz y arruinado de por vida y no te dirigen la palabra ni por error. Otras desaparecen por años, y un día reaparecen en otro extremo del mundo y te dan a entender que todavía hay amor —pero es un incendio lejano, como los que aparecen en las noticias—. Otras siguen creyendo que andan contigo. Otras se acercan a ti como para lastimarse y así convencerse de que no eras el indicado. A otras se las tragó la tierra. Otras te piden consejo para que las asesores porque se pelearon con el imbécil por el cual te dejaron. A otras les ha ido muy mal y no puedes evitar sentir pena. Otras se te acercan para mostrarte lo bien que les ha ido en la vida desde que te dejaron. Otras te siguen reclamando. Otras te ruegan que regreses. Otras desarrollan fobias y alergias hacia ti. De otras te enteras que nunca anduviste con ellas realmente y que eras, en el mejor de los casos, el amante.

Pero a todas las quieres mucho; demasiado. Y no puedes evitar pensar que tú eres su ex, y que también te han de ver como a una cosa extraña.

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Chicas fáciles

Octubre 26th, 2007 by Felipe

En la preparatoria se defendían a rabiar argumentos insostenibles. Hay que comprenderlo: todavía era factible que tu compañera de banca, o tú mismo, fueran vírgenes. De hecho, todavía era importante ser virgen (alrededor de la primera vez todo era leyenda y oscurantismo).

En ese universo de adolescentes fundamentalistas, se consideraba que había dos tipos de mujeres: las chicas fáciles y las decentes. Las fáciles eran despreciables; en cambio, las que se hacían del rogar eran dignas de elogio.

Yo, el más oscurantista de todos, siempre preferí a las chicas fáciles.

Es que mi oscurantismo siempre ha ido a la inversa.

A la fecha, las fáciles me siguen pareciendo dignas de toda alabanza. En tanto las pienso fáciles las vuelvo musas. De ellas me da por enamorarme —estúpidamente (como se debe).

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El post perfecto (no es éste)

Octubre 23rd, 2007 by Felipe

Durante el día te la pasas maquinando qué vas a postear. Mientras manejas, se te ocurre el post perfecto. O si no mientras te enjabonas. Entonces te ríes de tan bueno que es y juras que lo postearás en cuanto llegues a tu compu. Claro, llegas a la compu, chateas de babosada y media con Chica Linda X y te peleas con ella, con Chica Linda Y ligas y con Chica Linda Z te quejas de las dos anteriores (y te das cuenta, con tristeza, de que con ella, la única que sí te cae bien, no tienes ninguna esperanza).

Finalmente todas se van y tú te quedas, insomne y patético, con una ventana de chat que dice: “Chica Linda Z se ha desconectado sin despedirse”. Lees bien y en ningún lugar dice “sin despedirse”.

Entras a tu blog para postear el post perfecto que mientras manejabas casi te hizo chocar de la risa y no te acuerdas de nada. Frente a la caja de texto en blanco te planteas despotricar contra Chica Linda X, pero no lo merece. Tampoco Y… Z igual se fue sin despedirse.

Ninguna te merece, piensas.

Posteas cualquier idiotez. Apagas la compu. Te metes a la cama. Imaginas lo genial que sería que Chica Linda Z fuera accesible. Te duermes y de todas formas vuelves a soñar que aún vives con tu ex, y que la abrazas.

Te despiertas solo y empieza otro día.

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Subasta a la baja

Octubre 22nd, 2007 by Felipe

La noche del sábado estuve sometido a tres horas de tratamiento tumultuario. Y diré una de esas retóricas de cajón que todos los periódicos chafas utilizaron (o pudieron utilizar): el Dr. Robert Smith nos recetó lo mejor de La Cura.

En fin, estuvo sensacional.

Yo tenía dos boletos de la sección C y el güey con el que fui tenía uno de la sección A pero del domingo. Así que fuimos con los revendedores y les propusimos un trueque: esas tres entradas por dos de la sección A de ese día. Aceptaron con una lana extra y nos dieron dos estupendos lugares a 10 filas del escenario.

En fin, todo esto para decir que estoy dispuesto a apoyar a la reventa una vez más, ahora para el concierto de Soda Stereo.

Pero de preferencia lo haré a la baja: entre quienes tengan boletos y no tengan pensado utilizarlos, cuánto piden a cambio de ellos para el próximo concierto de Cerati y compañía en esta ciudad de la furia.

Vamos a ver si esto del internet funciona. Empiezo a escuchar ofertas.

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Asesinatos

Octubre 13th, 2007 by Felipe

Amas a una persona, la deseas, futurizas con ella. Pasa algo o una serie de pequeñas negligencias, y prefieres tomar distancia para que no te haga más daño. Esto puede ser de por vida a veces. Como si mataras.

Intenté hacer la cuenta de personas que he matado así, o que me han matado. Perdí la cuenta.

O medio nos hablamos y medio nos saludamos y medio nos da gusto saber del otro, pero por lo bajo, esa disonancia del “yo sé que tú sabes y tú sabes que yo sé que esto ya no era lo de antes y que es una tristeza que así sea ahora”. Lo inquietante es que nadie lo dice. Nos hablamos, va, seguro. Pueden pasar años.

En el fondo no quise matarte. No quería que me mataras. No pudimos evitarlo.

Me voy asesinando todo el tiempo: maté al que fui de niño, maté al que fui de adolescente, maté al que se enamoró, maté al que estuvo casado…

¿O sólo me pasa a mí porque no tengo inteligencia emocional?

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Autoboicot

Octubre 6th, 2007 by Felipe

Desde el primer momento, ya saber en qué va a parar la relación —el miedo es el peor juez siempre—. Entonces los siguientes meses dedicarse a acumular, sin mucha noción de por qué se hace, una serie de negligencias hasta que el resultado se parece a lo que se intuía desde el inicio. Así, cuando todo acaba puede decirse, para anestesiar la pena: “No sé ni por qué me metí en esto, si desde un principio supe que no iba para ningún lado.”

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Familia

Octubre 3rd, 2007 by Felipe

La gente que me rodea, yo mismo, describimos a nuestra familia por la vía negativa:

Que los papás son personas simples, no acabaron sus estudios, muy religiosos, mal plan; que el hermano roba dinero para aparentar estatus y es golpeador, que la hermana se embarazó de su mecánico y luego de su profesor de francés y vivía con los dos niños en casa de los padres, que la otra hermana era bulímica, que la tía es retardada mental, que la mamá es una mujer enferma de poder, que…

Y sin embargo los queremos.

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La curva del personaje

Septiembre 14th, 2007 by Felipe

Anoche, cerveza en mano, un amigo me decía: “Yo dejé de ir a tu taller* porque una vez dijiste curva de personaje. Los personajes no tienen curvas, güey; para curvas sólo las chavas. Pero mi sufrimiento es parejo siempre. Es plano. Yo puedo cambiar, pero mi sufrimiento no evoluciona.”

Y eso que apenas llevábamos media chela.

Fui a la cantina únicamente a ver a quién me encontraba. Estaba por desistir e irme cuando oí mi nombre desde una mesa.

—¿Cómo has estado, cabrón? —era él con todos sus tics, vestido en camiseta—. Meses que no te veía.
—Bien, demasiado bien, de hecho —le dije.

(Sé que ustedes, lectores, querrán discutir eso de que me va bien, a juzgar por lo que aquí posteo; pero no le mentía: realmente me va demasiado bien.)

—Y sé que tú estás bien… te leo seguido —repuse (él tiene un blog mucho mejor que el mío).

Junto a él, en la mesa, estaba una chica sonriente. Él me dijo: “La primera vez que la vi me quedé inmóvil.” Le recordó de golpe la imagen de un “periquillo español” que aparece en Rayuela. Yo no me acuerdo de esa referencia y no me voy a poner a buscarla, así que no sé si estaba inventando. Lo cierto es que ella sí tenía cara de española y, con imaginación, de periquillo. La siguió viendo muchas veces más en todo tipo de lugares. “En un baño para hombres, en fiestas, luego un día se aparece en el mismo lugar donde trabajo… ¡trabajábamos en el mismo lugar!” Hablaba en broma, luego en serio; nunca sabías. Más tarde puso a hablar a su teléfono móvil: la boca era la tapa de la pila. “Hola, soy el teléfono de Gabriel.” Cosas así.

Mañana (o sea hoy) iba a ser el último día de trabajo de ella en la agencia. Se cambiaba a otra donde le pagan más. Él quería asegurarse de que volvería a verla. Pedimos la cuenta, pagamos.

—No te vayas —me dijo él—; la voy a acompañar al coche y regreso.
—No manches, váyanse juntos.

Nos despedimos. Se fueron juntos. Los vi felices.

Pensé que la curva de la Tierra tampoco se ve. Y que durante siglos mucha gente pensó que era plana. Me fui a casa.
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*Han de enterarse los lectores de este pinchurriento blog que su autor hace como que da un taller literario los jueves.

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Yo, el otro

Septiembre 12th, 2007 by Felipe

A ver. No soy yo el que bloguea. Es decir, sí soy yo, pero no el mismo yo que sale a caminar por la calle o da clases, o hace como que edita cierta revista de fama local. Soy el otro, el alter ego. Una versión no necesariamente mejorada de mí, pero sí más filosa.

El otro, el que no bloguea, es bastante más difuso que esto. Se ríe de todo y tiene problemas para relacionarse con la realidad. Un poco como yo, pero más indefinido, si se puede.

Yo, que blogueo, soy todo eso que sugieren de mí: misógino, monotemático, superficial. El otro es igual, pero prefiere echarme a mí las culpas y decir que yo soy todo eso. De hecho me está obligando a escribir esto en su defensa porque el muy inseguro no tiene claro qué es lo que los demás ven de él. Así que ya, díganle, para que me deje bloguear en paz.

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Las madres de todas las batallas

Agosto 24th, 2007 by Felipe

Historiadores de la Universidad Nacional Autónoma de Pekín publicaron en la revista Historia de dicha institución, un estudio exhaustivo en el que comparaban la relajación de las costumbres domésticas con la incidencia de las guerras en el mundo.

Llegaron a una conclusión: los grandes periódos bélicos corresponden directamente a temporadas en donde los hombres pierden potestad sobre las mujeres.

Dado que no saben cómo reaccionar o cómo recuperar el dominio perdido, se lanzan a la guerra. Lo destruyen todo con la esperanza secreta, no de vencer al enemigo en el campo de batalla, sino al enemigo doméstico. Y es un poco triste porque mientras los soldados dan su vida por una causa abstracta, sus mujeres están recibiendo en su cama a los hombres que se quedaron.

Pero así ha sido y así será.

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Pudor

Agosto 14th, 2007 by Felipe

Hay personas que no entienden que uno exponga cosas privadas en un blog. A mí me ha costado más de un año y sigo sin entenderlo del todo. He cerrado dos blogs por causas parecidas al miedo a la abolición de la propiedad privada de los recuerdos.

Hay quienes se exponen totalmente. Hay quienes inventan una vida inexistente. Hay quienes se cambian de nombre.

Lo cierto es que en cualquier plática de cantina, uno se entera de la vida sexual de Fulano, contada por el amigo de la amiga de la ex. Uno no conoce a Fulano, pero da un poco de lástima enterarte que no lo tiene tan grande, o que gime como cachorrito.

Finalmente, uno conoce a Fulano e, inevitablemente, uno lo ve desnudo.

(Creo que vamos desnudos por la calle todos, y no nos damos cuenta.)

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Pesimista

Agosto 4th, 2007 by Felipe

Ese adjetivo me ha acompañado por años. Pero cómo les explico que no. Que tan no lo soy que mi manera de ver el asunto es, de hecho, por demás optimista: no soy pesimista; soy humorista, y algunas de las cosas más trágicas me dan risa. Por eso también me han llamado cínico e insensible. Sé que eso parece; no lo soy.

También sé que pasar mucho tiempo a mi lado puede descorazonar a cualquiera. Pero es que no voy a andar explicando los chistes que veo por todas partes todo el tiempo.

Sea por una cosa o por otra, tanta realidad no se tolera. Para algunos la manera de manejarlo es la evasión: hay quienes beben, hay quienes huímos, hay quienes nos reímos. Otras personas, en cambio, pasan por la realidad con los ojos borrosos. Y así están bien, y cuando se topan con un pesimi… humorista como yo, se les arruina el día.
Ahora, una cosa es ser humorista (no pesismista) y otra que mis chistes sean muy malos siempre. Ahí sí se los concedo: no tengo remedio.

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Psicoterapia

Agosto 2nd, 2007 by Felipe

El paciente llega y habla. El terapeuta lo mira fijamente mientras piensa en lo bien que se lo pasó el fin de semana en la playa con las dos gringas. Cuando el paciente hace una pausa en su narración, automáticamente pregunta:

—¿Y a usted que le hace pensar eso?

El paciente, desconcertado, vuelve al hilo de su perorata mientras el terapeuta escribe en su libreta:

“No olvidar: me debe tres consultas.?

Más adelante dibuja un pene gigantesco. Lo detalla. Le pone venas. Luego lo tacha. Con la sonrisa de su propio mal chiste lo interrumpe:

—¿Y usted cree que eso le sirve de algo?

El especialista se da cuenta de que el paciente intenta justificarse únicamente por cómo ha elevado el tono de su voz y por la amplitud de los ademanes. Hace bolita la hoja de los apuntes y empieza con otra. Una gringa se llamaba Sharon y la otra cómo se llamaba. Puta. Cinco minutos después diagnostica:

—Lo que usted debe hacer es estar tranquilo.

El paciente se detiene y admite. El psicoterapeuta ve su reloj y le pone esa cara irremediable de quien tiene que cobrar.

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