El sin amigos
Agosto 6th, 2008 by Felipe
—Debes tener más amigos —me dice la psicóloga.
Hace como treinta años, mi padre me dijo algo parecido:
—Tú tienes que tener amigos, cómo es que no tienes amigos.
—Pero cómo le hago… —le pregunté; en verdad que no tenía ni idea
—Pues así, vas con otro niño y le preguntas si quiere ser tu amigo. Y ya.
Ah, mi padre, tan desconocedor de la psicología infantil. Eso hice al día siguiente. El pobre que elegí como mi nuevo amigo me miró como si yo fuera asesino serial en cuanto solicité su amistad, y salió corriendo. Tal como lo sospeché, no era el método adecuado. No tuve amigos hasta los doce años. Doce años. Toda la infancia sin amigos —no, no se lo imaginan; de la misma manera como yo tampoco me imagino cosas como:
—¡Tengo reunión de mis amigos de la primaria…!
O sea, ¿qué es eso?
En mi Facebook aparecen 367 personas. No sé si sea una estadística confiable. Creo que no. Amigos lo que se dice amigos, según mi psicóloga sólo calificarían unos tres a lo mucho. Y me queda la sospecha de que desde el punto de vista de ellos no pertenezco ni de lejos a su selecto grupo de los tres mejores amigos. (No, tampoco tengo cara de pocos amigos.)
En fin. Como es algo que nunca he tenido, tampoco es algo que extrañe.
Todo eso pensaba mientras miraba en el Facebook las fotos de las personas funcionales. Es gente que tiene amigos, me decía: fotos de grupo, llenas de comentarios con triples signos de admiración. No es que yo no aparezca en ese tipo de fotos, pero es distinto; un poco artificial; un poco forzado. Soy el de la orilla, al que le dijeron:
—Tú también ponte en la foto…
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